Me he vuelto a despertar por culpa de los ladridos y aullidos. Lo que ha pasado estos días casi nos cuesta la vida a ambos. Queríamos pensar la posibilidad de solucionar el problema de los perros y conocer al hombre que vimos y al final nos hemos juntado con los dos problemas en uno.
Quizás nos hemos confiado y centrándonos en el hombre antes que en los perros ha sido un grave error, pero afortunadamente estamos bien. Hemos conocido al hombre y casi nos mata, hemos encontrado sin querer la guarida de los perros y lo mas intrigante, uno de ellos ha mostrado miedo ante el arma que le quitamos al caníbal.
Tal y como están las cosas y habiendo decido marcharnos, no sabemos si terminar con los perros o dejarlos en paz y que cada uno siga su camino, cosa que me preocupa también porque no me gustaría que nos siguieran el rastro. Los animales pueden ser muy obsesivos y, aunque recibiera una "paliza" el otro día, puede que tenga ganas de "venganza" y se obsesione con nosotros. Sé que solo es un perro, pero también sé que pueden llegar a obsesionarse con algo y si lo tienen localizado no lo van a dejar escapar.
Merche aun duerme, la verdad es que estamos agotados y hemos pensado en tratar de descansar lo más posible antes de aventurarnos en una salida que, a pesar de que en un día normal sería lo más simple del mundo, en esta situación puede convertirse en un peligro constante. No tenemos ni idea de qué nos podemos encontrar, basándonos en lo que hemos vivido, nos imaginamos algunas cosas pero está demostrado que nos quedamos cortos en las posibilidades cuando nos enfrentamos a la realidad.
Siento como los perros andan por la zona pero no se acercan demasiado, está muy claro que saben que cerca hay alguien pero afortunadamente, gracias a las ovejas y vacas que campan por la urbanización, suelen distraerse cuando tienen ganas de comer o simplemente de matar.
Tenemos todo cerrado lo mejor que podemos, puede ser una tontería enorme pero he decido quemar muchas varillas de incienso a la vez, aun me quedan unas cien varillas, así que iré quemando todos los días unas pocas con la esperanza de que oculten nuestro olor. Es una de esas ideas que te vienen a la cabeza que no sabes si tienen sentido pero que si no las haces no te quedas tranquilo.
Me vuelvo a la cama, aunque no me quede dormido quiero estar tumbado y cerca de Merche y las perritas.
martes, 11 de octubre de 2011
domingo, 9 de octubre de 2011
ENTRADA 32
Acabamos de levantarnos ahora mismo, me he puesto a escribir lo que ha pasado estos dos días a la espera de tener corriente de nuevo. Los cortes son cada vez más largos y no siguen un horario concreto.
Lo que ha pasado estos días ha sido tremendo, ya hemos decidido irnos de aquí, aun tenemos unos días antes de que las noches sean realmente frías y nuestro objetivo es la casa de la madre de Merche, está a unos 20 kilómetros de aquí así que, si todo va bien y no tenemos problemas con el coche y el camino, en unos treinta minutos deberíamos estar allí.
He conseguido hablar con mis padres por Messenger, por fin hemos coincidido, he tratado de convencerles de que se vengan con nosotros pero no lo he conseguido, me dicen que ellos están bien y que en caso de ponerse más peligroso se irían a un punto seguro de los militares. Sabían que no lo iban a conseguir pero intentaron convencernos para que no nos fuéramos ni saliéramos de casa si estábamos bien. Han hecho una especie de resistencia entre los vecinos que viven todo el año allí y han organizado la comida y la seguridad, muchos de ellos son cazadores con lo que no les faltan armas, además la urbanización está cercada con muros y verjas altas. No he podido evitar insistirles en que lo mejor sería que se vinieran con nosotros, iríamos a por ellos y, juntos, trataríamos de llegar primero a casa de la familia de Merche y después al punto seguro de los laboratorios. Se han negado rotundamente a que nos arriesguemos, prefieren que tratemos de sobrevivir, “suficiente con cuidaros vosotros, como para tener que cuidar de nosotros, hijo” me ha dicho mi padre. No he podido evitar llorar, menos mal que no me han podido ver, siempre igual, siempre lo han dicho “lo último que queremos es ser una carga”, aunque nunca lo han sido, ni lo serán. “Tranquilo, lo que tenga que ser, será y seguro que nos volveremos a ver” me escribe mi madre. “No te preocupes por nosotros, solo tened mucho cuidado y trata de avisarnos cuando estés a salvo”. “Os queremos mucho, hijo” la última frase que ha podido llegar antes de irse de nuevo la luz. Cuando ha vuelto, pasadas las horas, no estaban conectados.
He tardado unas horas más en reaccionar, el sentimiento que tengo es demasiado negativo pero debemos preocuparnos de nosotros ya. Hemos preparado todo lo que queremos llevarnos. Toda la comida, tienda de campaña, sacos, botiquines, ropa de abrigo y todo lo que pudiera servirnos. Del trastero he cogido un pequeño bidón de cinco litros para llevar gasolina. Hemos terminado de hacer todo el inventario y de prepararlo lo mejor posible: dos mochilas de “mano” con lo suficiente para sobrevivir cada uno tres o cuatro días, seis latas de comida, ropa (camisetas de manga larga, interior, calcetines), abrigo (un forro polar, guantes y gorro), pequeños botiquines (con tiritas, un kit de sutura, yodo, suero de limpieza, pinzas, vendas, esparadrapo, pastillas varias), un par de cuchillos, un saco, dos cajas de cerillas, una cuerda de escalada de unos metros, linterna con varias pilas de repuesto, alcohol etílico (para encender fuego más que nada) y varias cosas más, entra ellas un bolso pegado a la mochila con “pulpos” para llevar a una perra. El equipaje “gordo” consta de dos maletas de cordura de las motos con todo lo demás, que incluye más ropa, comida, materiales de acampada, cuerdas.
Todo esto ha sido provocado por lo vivido con el hombre que vimos hace unos días. El sábado decidimos que teníamos que hablar con él, debíamos confirmar si estaba infectado o no más que nada porque no queríamos tener ningún susto que pudiéramos evitar. Nos había visto ir a casa de la hermana de Merche y a saber si en el revuelo que se monto con los perros, nos siguió a casa o que sabe de nosotros.
El día se presento bastante oscuro, entre unas cosas y otras, salimos de casa hacia las 18.00, bajamos por la calle lateral, aquella por la que lanzamos el contenedor con los restos de los vecinos. Cuando pasamos los tres primeros edificios, nos llego un hedor tremendo, en una de las cuestas que llevan a los garajes vimos que estaba el contenedor tirado por el suelo y todos los restos esparcidos por el asfalto, tenía toda la pinta de que los perros habían estado por allí porque había miembros en lugares muy alejados y en zonas elevadas. Pero lo malo solo acababa de empezar, al llegar al edificio en el que habíamos visto al hombre, decidimos meternos por el garaje, ya que estaba abierto y ofrecía más “protección”, o eso parecía. Cuando entramos, el olor era mucho más fuerte que en la calle, la putrefacción se notaba por todos lados y era casi vomitivo.
- Enciende la linterna – me dijo Merche – se está haciendo de noche y aquí no se ve nada.
Al encenderla nos dimos cuenta de donde nos habíamos metido, era una guarida en toda regla, la entrada estaba despejada y no nos dimos cuenta hasta que estuvimos a mitad del garaje. Al fondo pudimos ver lo que parecía una enorme pila de cadáveres, esparcidos por el suelo había multitud de huesos, la gran mayoría masticados y destrozados.
- Aaaah – un lamento vino del fondo del garaje.
Merche se quedo a la altura de las escaleras y yo me adentré con la linterna. Al girar una de las esquinas vi un espectáculo horrible. Un hombre sin parte de sus piernas y sin manos se retorcía en el suelo, aun estaba vivo pero no le debía quedar mucho tiempo. Consiguió girarse hacia mí.
- Ayuda – un hilillo de voz salió de su boca, apenas audible pero ayudado por el silencio sepulcral llego a mis oídos.
- Joder – solo acerté a decir eso. – hostia puta – el miedo y la adrenalina se iban apoderando de mí.
- ¿Qué pasa? – pregunto Merche desde la puerta.
- Aquí hay un tío destrozado, pero está vivo todavía. – Le comenté.
- ¿Qué coño hacemos? – dijo Merche igual de acelerada – vámonos de aquí, que le den al viejo ese, que les den a todos.
Pero era muy tarde, la poca luz que entraba por la puerta del garaje se apagó, un gruñido resonó en el interior.
- Mierda – Salí corriendo de la esquina. – ¡¡Metete en la casa!! – grité.
En el momento que Merche abrió la puerta de las escaleras, la bestia comenzó su arrancada para atraparnos. A penas diez metros nos separaban de él.
- ¡¡Corre, corre!! – me gritaba Merche desde las escaleras.
Cuando llegue a la puerta, el perro estaba a suficiente distancia para saltar y abalanzarse sobre mí. Me agarre a la manilla de la puerta y me tire al suelo para resbalar, girar sobre mí y meterme como pude en las escaleras. Note como la puerta temblaba y se abollaba mientras el animal chocaba con ella con furia.
- ¡¡Cierra la puerta!! – decía Merche mientras cogía un extintor de la pared.
Cerré la puerta y comprobamos que ya casi no encajaba con el marco. Merche engancho la manguera del extintor en la manilla y lo encajo contra la pared, un método muy poco fiable pero que nos daría unos segundos. El perro metió la garra por el hueco que había abollado entre la puerta y el marco, no pudo abrirla en un primer momento pero el invento no aguantaría demasiado.
- Sube, vamos a salir por detrás – le dije.
Merche subió el tramo de escaleras que nos separaba de la puerta del jardín trasero.
- ¡¡Esta cerrada!! – grito mientras la pateaba desesperada.
El maldito animal estaba metiendo medio cuerpo por el hueco, en extintor comenzó a soltarse.
- ¡¡Trata de salir por el portal!! – comencé a subir las escaleras, el perro estaba atascado en la puerta que se iba convirtiendo en un amasijo de hierros y cristal, el extintor ya no hacia resistencia.
Merche subió rápidamente al portal, le dio al timbre de apertura. A la vez que llegue al descansillo Merche fue a abrir la puerta.
- ¡¡¡Dios!!! – Otro animal se lanzo contra la puerta del portal, abriéndola contra Merche que la paró como pudo mientras yo cargue contra ella para empujar y cerrarla.
El animal era otro perro, este estaba menos desarrollado pero tenía una tremenda mirada asesina, ojos purulentos y espuma en la boca. Comenzó a cargar contra la puerta. Pusimos dos macetas de cemento para tratar de hacer de tope pero las envestidas estaban destrozando la puerta por todos lados.
- No queda otra, sube para arriba. – Le dije – nos meteremos en una casa.
- Pero, ¿y si hay alguien? – me pregunto
- Mejor eso que estos dos. – respondí – los cuchillos no les van a hacer ni cosquillas, por lo menos sabemos que podemos matar personas con ellos.
- Pero también tengo la pistola.
- ¿Tú crees que podremos apuntar y disparar contra estas bestias a esta distancia? – pregunté – yo creo que antes perdemos la pistola o nos matan.
Fue suficiente, no estamos en disposición de probar nuestra puntería y nuestra suerte en esa situación. Merche subió las escaleras y me fui detrás de ella. El primer piso estaba totalmente cerrado.
- Sube a casa del tío que vimos, creo que es el tercero B – le ordene a Merche.
Cuando llegamos al descansillo del tercer piso abajo se oyeron miles de cristales rotos, hierros por todos lados y los gruñidos de los animales que comenzaron a subir las escaleras dándose empujones y golpeándose fuertemente contra las paredes.
- ¡¡¡Abra, abranos por favor!!! – gritábamos mientras golpeábamos la puerta, era el momento de comprobar si era un infectado o no. - ¡¡¡Abranos!!!
En ese momento pude ver a uno de los perros en el ultimo descansillo, se freno y comenzó a mirarnos, a estudiarnos, a comprobar si teníamos alguna escapatoria.
Merche ya desesperada sacó la pistola y comenzó a disparar. Ni una sola bala le hizo algo, todas rebotaron o se metieron en su cuerpo deforme pero sin reflejar ni una sola herida, ni un solo arañazo, ni una sola muestra de dolor.
Llegó el segundo perro al descansillo, ambos se empujaban, se mordían, parecía que se peleaban por saber quien seria el primero en elegir presa. Por fin uno se decidió, arranco desesperadamente desde el descansillo y se lanzo sobre nosotros. “Joder, hasta aquí hemos llegado”.
- ¡¡Al suelo!! – grito una voz a nuestra espalda.
Y un tremendo disparo salido por encima de nuestras cabezas, el perro se golpeo fuertemente contra la pared que tenía en su costado, se quedo totalmente atontado pero de nuevo ni una sola herida, nada de sangre.
- ¡¡Rápido, entrad!! – nos ordeno la voz mientras tiraban de nosotros.
Un segundo estruendo se oyó cuando estuvimos dentro. Esta vez sí que oímos un quejido, debía ser del animal. Tras él se cerró una pesaba puerta. Durante unos minutos se oían golpes tremendos, aullidos y ladridos llenos de rabia. Cuando nos recuperamos, vimos delante de nosotros a un hombre que nos apuntaba con una escopeta de caza enorme.
- ¿Quienes sois? - preguntó.
Fui a levantarme para hablar y me empujo con el cañón contra la pared.
- Ni un solo movimiento. - me amenazo. - como seáis unos de ellos estáis muertos.
- No, no somos de ellos, estamos sanos - le dije. - Te vimos el otro día desde la calle y queríamos comprobar que estabas bien y no estabas infectado. Queríamos descartar que fueras un peligro.
Mis palabras le hicieron gracia, la verdad es que la situación era la contraria, el era el que estaba al mando, comprobando la situación y a nosotros.
- Me parece que no lo estáis haciendo muy bien. - dijo con una sonrisa - casi acabáis muertos.
- Lo sé, ¿Cómo puedes vivir con esas cosas allí abajo? - le pregunte, mientras nuestro anfitrión parecía estar más tranquilo.
- Bueno, yo no les hago nada y ellos a mí tampoco. - respondió mientras apartaba la escopeta. -Hasta ahora.
- Sí, claro, gracias por salvarnos. - dijo Merche.
Ambos nos incorporamos y nos presentamos, el hombre dijo llamarse Luis. Cuando empezó todo, estaba reunido con su familia en uno de los bares del centro comercial, trece infectados asaltaron el centro y comenzaron a matar a todo lo que pillaron. Su mujer y su hija cayeron en manos de uno de ellos, a la mujer la hicieron todas las depravaciones imaginables mientras que a su hija la "contaminaron" con la sangre de un infectado que había muerto a manos de él mientras defendía a su familia, cuando se convirtió, la soltaron contra él, jugaron al gato y al ratón por el centro comercial mientras los demás se divertían matando a los pocos supervivientes que quedaban. Consiguió huir de allí, pero tuvo que matar a su propia hija arrojándola contra unas verjas de seguridad acabadas en punta de lanza.
Siendo la hora que era, el hombre nos ofreció dormir en su casa. No era seguro irse ahora. Pasamos la noche allí, yo no dormí demasiado, la situación era demasiado tensa, estábamos con un tío que vivía encima de dos perros mutantes que no le habían atacado.
A la mañana siguiente, el hombre nos dijo que los perros se había ido, estuvieron vigilando toda la noche por si decidíamos salir pero por la mañana, afortunadamente, un rebaño de vacas paso cerca de allí y llamo su atención.
- ¿A dónde ibais el otro día? - preguntó con naturalidad.
- A comprobar si unos familiares estaban en su casa - le dije.
- ¿Y qué tal? - trató de mostrar interés.
- Bueno, digamos que no hubo mucha suerte - respondí.
- Vaya, lo siento. - No sé porque pero no me resultaba muy creíble. - ¿Y qué tenéis pensado hacer?
- Pues nos vamos a largar de aquí, ya casi no hay comida y vamos a tratar de llegar a un punto seguro de los militares. - no pensaba decirle la verdad.
- Eso es un poco arriesgado. - continuó la conversación - quizás deberías quedaros aquí esperando ayuda.
- ¿Y si no llega? - pregunté.
- ¿Y si morís en el camino? - me devolvió la pregunta, y se marcho a mirar por la ventana.
No tenía mucho sentido. Parecía que estaba tratando de interesarse por nosotros pero en el fondo todo le era indiferente. Se puso a vigilar, esperando que pasase algo.
- ¿Esperas a alguien? - pregunto Merche, visiblemente desconfiada.
- No, hace tiempo que no espero a nadie. - dijo con la mirada perdida. - solo espero poder comer cada día.
¿Pero qué dice? este tío estaba muy mal de la cabeza, nos había salvado de la muerte pero algo le rondaba la cabeza. Estuvimos toda la mañana sentados en el salón, sin decir nada, no tenía nada de comida o eso decía, yo creo que no quería compartirla con nosotros. Merche se levanto al baño y cuando volvió me enseño una llave, "la del jardín trasero" me susurró. Iba pasando el día y no hacíamos nada, no hablábamos de nada.
- Tengo hambre. - Por fin rompió su silencio. - Voy a preparar la cena, creo que tendré para varios días.
Desapareció en la cocina, Merche y yo nos levantamos y nos pusimos a hablar y a tratar de pensar un plan para escapar.
- Nosotros nos vamos a marchar - le grité desde el salón. -Yo creo que ya no hay demasiado peligro, y si nos abres la puerta de atrás podremos llegar a casa rápidamente.
- No os podéis ir. - dijo desde la cocina mientras se acercaba - la cena estará lista en breve. - Apareció en el salón con un cuchillo enorme y un delantal lleno de sangre. - será carne muy fresca y no está que ya está podrida.
El hombre había perdido la cabeza totalmente, en su otra mano nos mostró un trozo de pierna, seguramente la del tío que había en el garaje. La lanzo al suelo y se abalando contra nosotros. Merche le esquivo y yo casi conseguí hacerlo, le agarro de un brazo y lanzo una cuchillada que esquive por poco, consiguió rajarme un poco en un costado. Comencé a revolverme y le lance un puñetazo. Merche en ese momento le rompió un jarrón en la cabeza.
- Salgamos de aquí. - gritamos a la vez.
Llegamos a la puerta y estaba cerrada. No teníamos las llaves. El hombre apareció detrás de nosotros.
- Tengo hambre, no seas pesados. - nos dijo con cara de loco - me enfado si tengo hambre.
Volvió a lanzarse contra nosotros, le esquivamos y nos metimos en la cocina, cerré la puerta y la trate de contener mientras Merche buscaba una forma de defendernos o de salir de allí. Encontramos unos cuantos cuchillos, unos sprais de limpieza y un mechero. Escuche al hombre al otro lado, cargando la escopeta.
- ¡¡Al suelo!! – grite justo en el momento en que la parte superior de la puerta saltaba por los aires. – ¡¡¡Pásame el bote de limpiador y el mechero, prepárate para tirar los cuchillos como puedas!!!
El siguiente disparo destrozo la parte baja y casi me alcanza, el hombre arrojo la escopeta al suelo y entro en la cocina. Se acercó a mí.
- Tú serás el primero – dijo mientras me agarraba del hombro.
Cuando se dispuso a clavarme el cuchillo me volví y le lance una llamarada contra la cara, esta comenzó a arder, el hombre soltó el cuchillo que me corto la pierna y comenzó a revolverse tratando de apagar el fuego que se propagaba rápidamente por su cabeza.
- ¡¡¡Ahora!!! – Le grite a Merche.
Comenzaron a volar los cuchillos, el primero le golpeo con el mango, el segundo dio en la puerta, el tercero por fin acertó en el estomago pero no llego a clavarse, el cuarto se introdujo en su pecho y el quito le corto el cuello. No sé como el tío abrió la puerta y salió corriendo chillando y soltando sangre como un cerdo degollado en una matanza. Aprovechamos ese momento para salir corriendo y abrir la puerta del jardín, mientras bajábamos trataba de cargar la escopeta. Al llegar paso lo que tenía que pasar, los dos perros aparecieron por el portal y el garaje, el primero se dio un festín con el hombre que había tenido la mala fortuna de ir directo a sus enormes dientes, el segundo pensó que nosotros seriamos el mejor plato.
- ¡¡Sal ya!! – grite a Merche mientras apuntaba al animal que subía por las escaleras. Le note algo magullado, este debió de ser el perro al que el hombre disparo dos veces.
Note como la bestia sentía algo de duda al verme con ese trasto en las manos que hace poco le había hecho tanto daño. Me dispuse a dispararle y se acurruco gimiendo, la verdad es que me dejo muy asombrado. Se dio la vuelta y se metió en el garaje. Aproveché ese momento para salir por el jardín detrás de Merche y cerrar la puerta.
Cuando llegamos a casa se lo conté a Merche y puso la misma cara de asombro, después de lo vivido con otras criaturas, no podemos comprender que uno sienta miedo al dolor, claramente estaba infectado pero su miedo era patente. ¿Sería por el instinto de los perros de no acercarse a las cosas que les provocan dolor? No tenemos ni idea. Nos vamos a marchar de aquí, las cosas están cambiando demasiado y se escapan a nuestra comprensión.
Y así hemos pasado el fin de semana, totalmente decididos en este momento a dejar la casa y tratar de llegar a casa de la madre de Merche. Tenemos que prepararnos para lo que nos espera fuera.
Madre mía, he comenzado a las 18.00 a escribir esto y por los parones de recordar lo que hemos vivido he tardado muchísimo en terminarlo.
Lo que ha pasado estos días ha sido tremendo, ya hemos decidido irnos de aquí, aun tenemos unos días antes de que las noches sean realmente frías y nuestro objetivo es la casa de la madre de Merche, está a unos 20 kilómetros de aquí así que, si todo va bien y no tenemos problemas con el coche y el camino, en unos treinta minutos deberíamos estar allí.
He conseguido hablar con mis padres por Messenger, por fin hemos coincidido, he tratado de convencerles de que se vengan con nosotros pero no lo he conseguido, me dicen que ellos están bien y que en caso de ponerse más peligroso se irían a un punto seguro de los militares. Sabían que no lo iban a conseguir pero intentaron convencernos para que no nos fuéramos ni saliéramos de casa si estábamos bien. Han hecho una especie de resistencia entre los vecinos que viven todo el año allí y han organizado la comida y la seguridad, muchos de ellos son cazadores con lo que no les faltan armas, además la urbanización está cercada con muros y verjas altas. No he podido evitar insistirles en que lo mejor sería que se vinieran con nosotros, iríamos a por ellos y, juntos, trataríamos de llegar primero a casa de la familia de Merche y después al punto seguro de los laboratorios. Se han negado rotundamente a que nos arriesguemos, prefieren que tratemos de sobrevivir, “suficiente con cuidaros vosotros, como para tener que cuidar de nosotros, hijo” me ha dicho mi padre. No he podido evitar llorar, menos mal que no me han podido ver, siempre igual, siempre lo han dicho “lo último que queremos es ser una carga”, aunque nunca lo han sido, ni lo serán. “Tranquilo, lo que tenga que ser, será y seguro que nos volveremos a ver” me escribe mi madre. “No te preocupes por nosotros, solo tened mucho cuidado y trata de avisarnos cuando estés a salvo”. “Os queremos mucho, hijo” la última frase que ha podido llegar antes de irse de nuevo la luz. Cuando ha vuelto, pasadas las horas, no estaban conectados.
He tardado unas horas más en reaccionar, el sentimiento que tengo es demasiado negativo pero debemos preocuparnos de nosotros ya. Hemos preparado todo lo que queremos llevarnos. Toda la comida, tienda de campaña, sacos, botiquines, ropa de abrigo y todo lo que pudiera servirnos. Del trastero he cogido un pequeño bidón de cinco litros para llevar gasolina. Hemos terminado de hacer todo el inventario y de prepararlo lo mejor posible: dos mochilas de “mano” con lo suficiente para sobrevivir cada uno tres o cuatro días, seis latas de comida, ropa (camisetas de manga larga, interior, calcetines), abrigo (un forro polar, guantes y gorro), pequeños botiquines (con tiritas, un kit de sutura, yodo, suero de limpieza, pinzas, vendas, esparadrapo, pastillas varias), un par de cuchillos, un saco, dos cajas de cerillas, una cuerda de escalada de unos metros, linterna con varias pilas de repuesto, alcohol etílico (para encender fuego más que nada) y varias cosas más, entra ellas un bolso pegado a la mochila con “pulpos” para llevar a una perra. El equipaje “gordo” consta de dos maletas de cordura de las motos con todo lo demás, que incluye más ropa, comida, materiales de acampada, cuerdas.
Todo esto ha sido provocado por lo vivido con el hombre que vimos hace unos días. El sábado decidimos que teníamos que hablar con él, debíamos confirmar si estaba infectado o no más que nada porque no queríamos tener ningún susto que pudiéramos evitar. Nos había visto ir a casa de la hermana de Merche y a saber si en el revuelo que se monto con los perros, nos siguió a casa o que sabe de nosotros.
El día se presento bastante oscuro, entre unas cosas y otras, salimos de casa hacia las 18.00, bajamos por la calle lateral, aquella por la que lanzamos el contenedor con los restos de los vecinos. Cuando pasamos los tres primeros edificios, nos llego un hedor tremendo, en una de las cuestas que llevan a los garajes vimos que estaba el contenedor tirado por el suelo y todos los restos esparcidos por el asfalto, tenía toda la pinta de que los perros habían estado por allí porque había miembros en lugares muy alejados y en zonas elevadas. Pero lo malo solo acababa de empezar, al llegar al edificio en el que habíamos visto al hombre, decidimos meternos por el garaje, ya que estaba abierto y ofrecía más “protección”, o eso parecía. Cuando entramos, el olor era mucho más fuerte que en la calle, la putrefacción se notaba por todos lados y era casi vomitivo.
- Enciende la linterna – me dijo Merche – se está haciendo de noche y aquí no se ve nada.
Al encenderla nos dimos cuenta de donde nos habíamos metido, era una guarida en toda regla, la entrada estaba despejada y no nos dimos cuenta hasta que estuvimos a mitad del garaje. Al fondo pudimos ver lo que parecía una enorme pila de cadáveres, esparcidos por el suelo había multitud de huesos, la gran mayoría masticados y destrozados.
- Aaaah – un lamento vino del fondo del garaje.
Merche se quedo a la altura de las escaleras y yo me adentré con la linterna. Al girar una de las esquinas vi un espectáculo horrible. Un hombre sin parte de sus piernas y sin manos se retorcía en el suelo, aun estaba vivo pero no le debía quedar mucho tiempo. Consiguió girarse hacia mí.
- Ayuda – un hilillo de voz salió de su boca, apenas audible pero ayudado por el silencio sepulcral llego a mis oídos.
- Joder – solo acerté a decir eso. – hostia puta – el miedo y la adrenalina se iban apoderando de mí.
- ¿Qué pasa? – pregunto Merche desde la puerta.
- Aquí hay un tío destrozado, pero está vivo todavía. – Le comenté.
- ¿Qué coño hacemos? – dijo Merche igual de acelerada – vámonos de aquí, que le den al viejo ese, que les den a todos.
Pero era muy tarde, la poca luz que entraba por la puerta del garaje se apagó, un gruñido resonó en el interior.
- Mierda – Salí corriendo de la esquina. – ¡¡Metete en la casa!! – grité.
En el momento que Merche abrió la puerta de las escaleras, la bestia comenzó su arrancada para atraparnos. A penas diez metros nos separaban de él.
- ¡¡Corre, corre!! – me gritaba Merche desde las escaleras.
Cuando llegue a la puerta, el perro estaba a suficiente distancia para saltar y abalanzarse sobre mí. Me agarre a la manilla de la puerta y me tire al suelo para resbalar, girar sobre mí y meterme como pude en las escaleras. Note como la puerta temblaba y se abollaba mientras el animal chocaba con ella con furia.
- ¡¡Cierra la puerta!! – decía Merche mientras cogía un extintor de la pared.
Cerré la puerta y comprobamos que ya casi no encajaba con el marco. Merche engancho la manguera del extintor en la manilla y lo encajo contra la pared, un método muy poco fiable pero que nos daría unos segundos. El perro metió la garra por el hueco que había abollado entre la puerta y el marco, no pudo abrirla en un primer momento pero el invento no aguantaría demasiado.
- Sube, vamos a salir por detrás – le dije.
Merche subió el tramo de escaleras que nos separaba de la puerta del jardín trasero.
- ¡¡Esta cerrada!! – grito mientras la pateaba desesperada.
El maldito animal estaba metiendo medio cuerpo por el hueco, en extintor comenzó a soltarse.
- ¡¡Trata de salir por el portal!! – comencé a subir las escaleras, el perro estaba atascado en la puerta que se iba convirtiendo en un amasijo de hierros y cristal, el extintor ya no hacia resistencia.
Merche subió rápidamente al portal, le dio al timbre de apertura. A la vez que llegue al descansillo Merche fue a abrir la puerta.
- ¡¡¡Dios!!! – Otro animal se lanzo contra la puerta del portal, abriéndola contra Merche que la paró como pudo mientras yo cargue contra ella para empujar y cerrarla.
El animal era otro perro, este estaba menos desarrollado pero tenía una tremenda mirada asesina, ojos purulentos y espuma en la boca. Comenzó a cargar contra la puerta. Pusimos dos macetas de cemento para tratar de hacer de tope pero las envestidas estaban destrozando la puerta por todos lados.
- No queda otra, sube para arriba. – Le dije – nos meteremos en una casa.
- Pero, ¿y si hay alguien? – me pregunto
- Mejor eso que estos dos. – respondí – los cuchillos no les van a hacer ni cosquillas, por lo menos sabemos que podemos matar personas con ellos.
- Pero también tengo la pistola.
- ¿Tú crees que podremos apuntar y disparar contra estas bestias a esta distancia? – pregunté – yo creo que antes perdemos la pistola o nos matan.
Fue suficiente, no estamos en disposición de probar nuestra puntería y nuestra suerte en esa situación. Merche subió las escaleras y me fui detrás de ella. El primer piso estaba totalmente cerrado.
- Sube a casa del tío que vimos, creo que es el tercero B – le ordene a Merche.
Cuando llegamos al descansillo del tercer piso abajo se oyeron miles de cristales rotos, hierros por todos lados y los gruñidos de los animales que comenzaron a subir las escaleras dándose empujones y golpeándose fuertemente contra las paredes.
- ¡¡¡Abra, abranos por favor!!! – gritábamos mientras golpeábamos la puerta, era el momento de comprobar si era un infectado o no. - ¡¡¡Abranos!!!
En ese momento pude ver a uno de los perros en el ultimo descansillo, se freno y comenzó a mirarnos, a estudiarnos, a comprobar si teníamos alguna escapatoria.
Merche ya desesperada sacó la pistola y comenzó a disparar. Ni una sola bala le hizo algo, todas rebotaron o se metieron en su cuerpo deforme pero sin reflejar ni una sola herida, ni un solo arañazo, ni una sola muestra de dolor.
Llegó el segundo perro al descansillo, ambos se empujaban, se mordían, parecía que se peleaban por saber quien seria el primero en elegir presa. Por fin uno se decidió, arranco desesperadamente desde el descansillo y se lanzo sobre nosotros. “Joder, hasta aquí hemos llegado”.
- ¡¡Al suelo!! – grito una voz a nuestra espalda.
Y un tremendo disparo salido por encima de nuestras cabezas, el perro se golpeo fuertemente contra la pared que tenía en su costado, se quedo totalmente atontado pero de nuevo ni una sola herida, nada de sangre.
- ¡¡Rápido, entrad!! – nos ordeno la voz mientras tiraban de nosotros.
Un segundo estruendo se oyó cuando estuvimos dentro. Esta vez sí que oímos un quejido, debía ser del animal. Tras él se cerró una pesaba puerta. Durante unos minutos se oían golpes tremendos, aullidos y ladridos llenos de rabia. Cuando nos recuperamos, vimos delante de nosotros a un hombre que nos apuntaba con una escopeta de caza enorme.
- ¿Quienes sois? - preguntó.
Fui a levantarme para hablar y me empujo con el cañón contra la pared.
- Ni un solo movimiento. - me amenazo. - como seáis unos de ellos estáis muertos.
- No, no somos de ellos, estamos sanos - le dije. - Te vimos el otro día desde la calle y queríamos comprobar que estabas bien y no estabas infectado. Queríamos descartar que fueras un peligro.
Mis palabras le hicieron gracia, la verdad es que la situación era la contraria, el era el que estaba al mando, comprobando la situación y a nosotros.
- Me parece que no lo estáis haciendo muy bien. - dijo con una sonrisa - casi acabáis muertos.
- Lo sé, ¿Cómo puedes vivir con esas cosas allí abajo? - le pregunte, mientras nuestro anfitrión parecía estar más tranquilo.
- Bueno, yo no les hago nada y ellos a mí tampoco. - respondió mientras apartaba la escopeta. -Hasta ahora.
- Sí, claro, gracias por salvarnos. - dijo Merche.
Ambos nos incorporamos y nos presentamos, el hombre dijo llamarse Luis. Cuando empezó todo, estaba reunido con su familia en uno de los bares del centro comercial, trece infectados asaltaron el centro y comenzaron a matar a todo lo que pillaron. Su mujer y su hija cayeron en manos de uno de ellos, a la mujer la hicieron todas las depravaciones imaginables mientras que a su hija la "contaminaron" con la sangre de un infectado que había muerto a manos de él mientras defendía a su familia, cuando se convirtió, la soltaron contra él, jugaron al gato y al ratón por el centro comercial mientras los demás se divertían matando a los pocos supervivientes que quedaban. Consiguió huir de allí, pero tuvo que matar a su propia hija arrojándola contra unas verjas de seguridad acabadas en punta de lanza.
Siendo la hora que era, el hombre nos ofreció dormir en su casa. No era seguro irse ahora. Pasamos la noche allí, yo no dormí demasiado, la situación era demasiado tensa, estábamos con un tío que vivía encima de dos perros mutantes que no le habían atacado.
A la mañana siguiente, el hombre nos dijo que los perros se había ido, estuvieron vigilando toda la noche por si decidíamos salir pero por la mañana, afortunadamente, un rebaño de vacas paso cerca de allí y llamo su atención.
- ¿A dónde ibais el otro día? - preguntó con naturalidad.
- A comprobar si unos familiares estaban en su casa - le dije.
- ¿Y qué tal? - trató de mostrar interés.
- Bueno, digamos que no hubo mucha suerte - respondí.
- Vaya, lo siento. - No sé porque pero no me resultaba muy creíble. - ¿Y qué tenéis pensado hacer?
- Pues nos vamos a largar de aquí, ya casi no hay comida y vamos a tratar de llegar a un punto seguro de los militares. - no pensaba decirle la verdad.
- Eso es un poco arriesgado. - continuó la conversación - quizás deberías quedaros aquí esperando ayuda.
- ¿Y si no llega? - pregunté.
- ¿Y si morís en el camino? - me devolvió la pregunta, y se marcho a mirar por la ventana.
No tenía mucho sentido. Parecía que estaba tratando de interesarse por nosotros pero en el fondo todo le era indiferente. Se puso a vigilar, esperando que pasase algo.
- ¿Esperas a alguien? - pregunto Merche, visiblemente desconfiada.
- No, hace tiempo que no espero a nadie. - dijo con la mirada perdida. - solo espero poder comer cada día.
¿Pero qué dice? este tío estaba muy mal de la cabeza, nos había salvado de la muerte pero algo le rondaba la cabeza. Estuvimos toda la mañana sentados en el salón, sin decir nada, no tenía nada de comida o eso decía, yo creo que no quería compartirla con nosotros. Merche se levanto al baño y cuando volvió me enseño una llave, "la del jardín trasero" me susurró. Iba pasando el día y no hacíamos nada, no hablábamos de nada.
- Tengo hambre. - Por fin rompió su silencio. - Voy a preparar la cena, creo que tendré para varios días.
Desapareció en la cocina, Merche y yo nos levantamos y nos pusimos a hablar y a tratar de pensar un plan para escapar.
- Nosotros nos vamos a marchar - le grité desde el salón. -Yo creo que ya no hay demasiado peligro, y si nos abres la puerta de atrás podremos llegar a casa rápidamente.
- No os podéis ir. - dijo desde la cocina mientras se acercaba - la cena estará lista en breve. - Apareció en el salón con un cuchillo enorme y un delantal lleno de sangre. - será carne muy fresca y no está que ya está podrida.
El hombre había perdido la cabeza totalmente, en su otra mano nos mostró un trozo de pierna, seguramente la del tío que había en el garaje. La lanzo al suelo y se abalando contra nosotros. Merche le esquivo y yo casi conseguí hacerlo, le agarro de un brazo y lanzo una cuchillada que esquive por poco, consiguió rajarme un poco en un costado. Comencé a revolverme y le lance un puñetazo. Merche en ese momento le rompió un jarrón en la cabeza.
- Salgamos de aquí. - gritamos a la vez.
Llegamos a la puerta y estaba cerrada. No teníamos las llaves. El hombre apareció detrás de nosotros.
- Tengo hambre, no seas pesados. - nos dijo con cara de loco - me enfado si tengo hambre.
Volvió a lanzarse contra nosotros, le esquivamos y nos metimos en la cocina, cerré la puerta y la trate de contener mientras Merche buscaba una forma de defendernos o de salir de allí. Encontramos unos cuantos cuchillos, unos sprais de limpieza y un mechero. Escuche al hombre al otro lado, cargando la escopeta.
- ¡¡Al suelo!! – grite justo en el momento en que la parte superior de la puerta saltaba por los aires. – ¡¡¡Pásame el bote de limpiador y el mechero, prepárate para tirar los cuchillos como puedas!!!
El siguiente disparo destrozo la parte baja y casi me alcanza, el hombre arrojo la escopeta al suelo y entro en la cocina. Se acercó a mí.
- Tú serás el primero – dijo mientras me agarraba del hombro.
Cuando se dispuso a clavarme el cuchillo me volví y le lance una llamarada contra la cara, esta comenzó a arder, el hombre soltó el cuchillo que me corto la pierna y comenzó a revolverse tratando de apagar el fuego que se propagaba rápidamente por su cabeza.
- ¡¡¡Ahora!!! – Le grite a Merche.
Comenzaron a volar los cuchillos, el primero le golpeo con el mango, el segundo dio en la puerta, el tercero por fin acertó en el estomago pero no llego a clavarse, el cuarto se introdujo en su pecho y el quito le corto el cuello. No sé como el tío abrió la puerta y salió corriendo chillando y soltando sangre como un cerdo degollado en una matanza. Aprovechamos ese momento para salir corriendo y abrir la puerta del jardín, mientras bajábamos trataba de cargar la escopeta. Al llegar paso lo que tenía que pasar, los dos perros aparecieron por el portal y el garaje, el primero se dio un festín con el hombre que había tenido la mala fortuna de ir directo a sus enormes dientes, el segundo pensó que nosotros seriamos el mejor plato.
- ¡¡Sal ya!! – grite a Merche mientras apuntaba al animal que subía por las escaleras. Le note algo magullado, este debió de ser el perro al que el hombre disparo dos veces.
Note como la bestia sentía algo de duda al verme con ese trasto en las manos que hace poco le había hecho tanto daño. Me dispuse a dispararle y se acurruco gimiendo, la verdad es que me dejo muy asombrado. Se dio la vuelta y se metió en el garaje. Aproveché ese momento para salir por el jardín detrás de Merche y cerrar la puerta.
Cuando llegamos a casa se lo conté a Merche y puso la misma cara de asombro, después de lo vivido con otras criaturas, no podemos comprender que uno sienta miedo al dolor, claramente estaba infectado pero su miedo era patente. ¿Sería por el instinto de los perros de no acercarse a las cosas que les provocan dolor? No tenemos ni idea. Nos vamos a marchar de aquí, las cosas están cambiando demasiado y se escapan a nuestra comprensión.
Y así hemos pasado el fin de semana, totalmente decididos en este momento a dejar la casa y tratar de llegar a casa de la madre de Merche. Tenemos que prepararnos para lo que nos espera fuera.
Madre mía, he comenzado a las 18.00 a escribir esto y por los parones de recordar lo que hemos vivido he tardado muchísimo en terminarlo.
viernes, 7 de octubre de 2011
ENTRADA 31
Me he despertado porque me ha parecido oír ladridos, gruñidos e incluso pisadas en el garaje. Los perros que hemos visto me han dejado un poco paranoico y bastante preocupado. Seguramente habrá restos del perro que matamos hace días en el garaje y los habrán olido. No me gusta nada la idea de tener que enfrentarnos de nuevo a ese tipo de perro y menos si son tres.
Cuando me he acercado a la ventana a escuchar y tratar de ver algo la calle estaba desierta y los ruidos no se oían, quizás los he soñado, pero hay que ser cauto y pensar siempre en la peor opción.
Estoy pensando en tratar de tenderles una trampa y matarlos a distancia con el G36, estoy seguro que a dos de ellos los mataremos sin problemas pero al otro, después de sentir esa asquerosa piel, de tratar de clavarle algo y no poder, no sé si también resistirán las balas. Me he acordado de los informes que baje de la web que me pasó Juan y he buscado algo parecido pero no hablan de esa mutación en los animales, quizás sea algo nuevo, quizás el virus se ha adaptado o evolucionado de esa manera.
Lo que está claro es que ya no hay “humanos” infectados en los alrededores y si los hay seguramente sean presa de estos animales, al igual que nosotros, que coño, al igual que todo bicho viviente.
Y hablando de humanos, me he acordado del hombre que hemos visto, parecía totalmente “sano”, si estuviera infectado no sería normal que se hubiera asustado y escondido.
Si solucionamos los problemas con los perros puede que tratemos de contactar con él.
Sobre movernos, lo hemos estado hablando y cada vez toma mas forma hacerlo, creemos que si conseguimos llegar a casa de la madre de Merche podemos estar cerca de La Pedriza y si nos cae encima el frio, podemos estar a resguardo. La verdad es que puede ser algo bastante peligroso pero debemos hacerlo antes de quedarnos aquí atrapados. En un principio vamos a ir en coche, con la gasolina que tengamos, iremos a la gasolinera de la salida de la urbanización y veremos la posibilidad de rellenar el depósito y algunas garrafas. Después iremos por carreteras hasta nuestro destino, evitaremos en lo posible pasar por zonas habitadas, aunque hay un par de zonas que no podemos rodear, la carretera pasa por allí.
En fin, llevo un par de horas despierto y no he vuelto a oír nada, voy a volver a la cama, mañana trazaremos un plan para solucionar el problema de los perros.
Cuando me he acercado a la ventana a escuchar y tratar de ver algo la calle estaba desierta y los ruidos no se oían, quizás los he soñado, pero hay que ser cauto y pensar siempre en la peor opción.
Estoy pensando en tratar de tenderles una trampa y matarlos a distancia con el G36, estoy seguro que a dos de ellos los mataremos sin problemas pero al otro, después de sentir esa asquerosa piel, de tratar de clavarle algo y no poder, no sé si también resistirán las balas. Me he acordado de los informes que baje de la web que me pasó Juan y he buscado algo parecido pero no hablan de esa mutación en los animales, quizás sea algo nuevo, quizás el virus se ha adaptado o evolucionado de esa manera.
Lo que está claro es que ya no hay “humanos” infectados en los alrededores y si los hay seguramente sean presa de estos animales, al igual que nosotros, que coño, al igual que todo bicho viviente.
Y hablando de humanos, me he acordado del hombre que hemos visto, parecía totalmente “sano”, si estuviera infectado no sería normal que se hubiera asustado y escondido.
Si solucionamos los problemas con los perros puede que tratemos de contactar con él.
Sobre movernos, lo hemos estado hablando y cada vez toma mas forma hacerlo, creemos que si conseguimos llegar a casa de la madre de Merche podemos estar cerca de La Pedriza y si nos cae encima el frio, podemos estar a resguardo. La verdad es que puede ser algo bastante peligroso pero debemos hacerlo antes de quedarnos aquí atrapados. En un principio vamos a ir en coche, con la gasolina que tengamos, iremos a la gasolinera de la salida de la urbanización y veremos la posibilidad de rellenar el depósito y algunas garrafas. Después iremos por carreteras hasta nuestro destino, evitaremos en lo posible pasar por zonas habitadas, aunque hay un par de zonas que no podemos rodear, la carretera pasa por allí.
En fin, llevo un par de horas despierto y no he vuelto a oír nada, voy a volver a la cama, mañana trazaremos un plan para solucionar el problema de los perros.
jueves, 6 de octubre de 2011
ENTRADA 30
La luz cada vez está peor, por las noches a penas hay corriente y a lo largo del día los cortes son aleatorios. He decidido escribir las entradas en un Word y en cuanto vea la posibilidad de tener conexión a Internet copiar y pegar directamente.
Decidimos ir a buscar a la hermana de Merche, estuvimos descansando por la noche y por la mañana estuvimos en la calle de enfrente de casa vigilando. Estuvimos atentos a los ruidos, fuimos comprobando puertas de bloques, observando los pisos y chequeando lo que podíamos de las parcelas de chalets, sobre todo los que tienen las ventanas abiertas, rotas o las persianas subidas. Así toda la mañana, nos hemos encontrado ni oído nada de mención, parece que estamos totalmente solos, por lo menos en los edificios que tenemos cerca, pero nos estamos tratando de mentalizar, la calma puede ser engañosa, no tenemos que dejar de estar alerta.
Se ha vuelto a oír un helicóptero y creemos que han pasado dos trenes, uno en dirección Madrid y otro en dirección Ávila, estamos pensando en acercarnos a las vías y comprobar estos trenes, tenemos que salir a una calle principal con chalets a cada lado, sería un punto de seguridad porque hay bastante espacio en la calle y las vallas suelen ser altas, pero lo que me preocupa es que en el noventa por ciento de los chalets hay uno o dos perros. Teniendo en cuenta lo que vivimos hace días, puede producirse una situación realmente peligrosa.
Es una tontería, pero hemos vuelto a escuchar cantar a los pájaros, es curioso la sensación de seguridad que trasmiten, oírles cantar tranquilamente en los arboles y verles volar cuando nos acercamos es algo que no te das cuenta de que ha estado faltando hasta que lo vuelves a vivir. También hemos visto un par de gatos, la verdad que cuando han saltado de unos contenedores nos hemos quedado helados y estamos dispuestos a abrir fuego pero al ver que han huido cuando nos han visto ha sido muy relajante, sensaciones de normalidad estamos viviendo, si no fuera por lo "muerta" que esta la calle podríamos decir que estamos viviendo una llegada del Otoño normal.
Mi herida del hombro está comenzando a cicatrizar bien, la pasta coagulante que cogió Merche de la farmacia, las limpiezas con suero y yodo le hacemos y que no he tenido sobresaltos graves en dos días han hecho que las grapas actúen bien, las heridas del estomago y de las manos casi han desaparecido. Merche se encuentra mucho mejor, la paliza que recibió no fue muy grande y las magulladuras están desapareciendo rápidamente.
Menos mal que esto no está teniendo un ritmo frenético, menos mal que podemos descansar y que tenemos estos momentos de tranquilidad, si llegamos a traernos a las perras esto podría ser un paseo de domingo como los de antes. De hecho, nos hemos planteado salir con ellas un día de estos.
Después de comer, llego el momento, vamos a comprobar cómo están la hermana de Merche y su marido. Vamos a ir más allá de la manzana que forma nuestra parcela de bloques y lo vamos a hacer andando. Hemos preparado la pistola y el G36, llevamos un cuchillo de cocina y un martillo, usaremos las armas de cuerpo a cuerpo antes que las de fuego, no queremos que la calma se acabe por meter más ruido del necesario. Nos vamos a mover por los jardines hasta donde podemos, pegados a los edificios, tendremos que tener cuidado porque no sabemos la situación de los demás edificios, trataremos de entrar por la puerta trasera de su edificio, la que da a sus jardines, con suerte estera abierta y no tendremos que ir por una calle principal ni pasaremos al lado del Mercadona.
Salimos de casa por la puerta del jardín, comenzamos haciendo el mismo movimiento que el día que colocamos la batería en la valla, que por cierto, no hemos tocado y no sabemos como esta. Nos pegamos a los edificios y fuimos avanzando, esta vez con algo más de rapidez, confiábamos en que de verdad no hubiese mucha gente. Cuando llegamos a la valla nos quedamos perplejos, había una docena de pájaros muertos a los pies, un gato mutado, tenía el cuerpo muy parecido al perro de hace unos días y las garras le habían crecido tanto que las llevaba desplegadas y debía de andar sobre ellas, lo curioso es que no imponía tanto, al ser más pequeño el desarrollo había sido menor, no creo que llegase a doblar su tamaño normal. Estaba cerca de una zona de la valla bastante machacada, es como si antes de morir hubiera estado mordiendo y golpeándola una y otra vez sin importarle las descargas hasta que se quedo enganchado y la descarga fue continua.
- Voy a comprobar si hay corriente - le dije a Merche mientras me acercaba a la zona donde habíamos pillado las pinzas - está seca - le comente mientras chocaba los polos de las pinzas uno con otro y no había reacción alguna.
- Con todo lo que hay aquí no me extraña - me comento mirando a los pájaros y el gato muerto.
Recogí las pinzas y me acerque corriendo al garaje para dejarlas en un sitio a mano, si las necesitábamos mejor cerca que lejos. Cuando volví vi a Merche agazapada y haciéndome señales de que fuera tranquilo y en silencio.
- ¿Qué pasa? - le pregunte mientras me agachaba a su lado.
- Mira - me dijo señalándome al fondo de la calle.
Al fondo de la calle lo que vi fue un rebaño, sí, un rebaño de ovejas andando, corriendo, en el césped delantero de las casas pastando.
- ¿Ovejas? - pregunte alucinado. - ¿Qué hacen aquí?
La respuesta era evidente, estamos rodeados de campo y seguramente se habrían escapado de alguna granja o de algún pasto, quizás alguien las había alterado y habían acabado aquí.
- Chist - Merche me pidió que guardara silencio - no son las ovejas lo que me ha llamado la atención. - continuo mientras me señalaba a uno de los garajes - mira.
Me fije en el punto que me señalo Merche, la verdad es que describirlo se va a quedar corto y no trasmitirá lo que vivimos en ese momento, pero lo intentare. Estábamos a plena luz del día, los garajes cerrados son oscuros pero reciben una luz tenue natural, sobre todo si las puertas están abiertas. En el garaje se comenzaron a ver pares de lucecillas, o eso parecían, rojizas, amarillas incluso había algunas verdosas. En total conté cinco pares de luces. Se comenzó a oír un ligero gruñido que iba en aumento y con el eco de los edificios parecía como una segadora que se iba acercando. En poco tiempo el eco era bastante desagradable y los gruñidos se multiplicaron. Las ovejas comenzaron a estar nerviosas, algunas salían corriendo en varias direcciones, un grupo de ellas vino hacia nosotros y, cuando nos sintieron, se quedaron paralizadas y acorraladas, sentían peligro en las direcciones por las que podían huir. En cuestión de segundos asistimos a una caza salvaje en toda regla, como las de los documentales de la televisión, del garaje salieron como balas cinco perros enormes, un par de Pastores Alemanes, un Pitbul, un Rottweiler y lo que parecía un chucho, y volvemos a lo mismo, parecía porque era una masa caótica de piel desarrollada, agujeros con forma de cavernas y piel bastante desagradable. Los cuatro perros que pudimos distinguir no tenían a penas pelo y su desarrollo no era tan exagerado como este ultimo que tenía toda la pinta de ser el dominante. Según iban corriendo a por las ovejas este iba lanzando ladridos, o algo parecido, a los demás perros, les tiraba bocados si le adelantaban, llego a coger a uno de los Pastores por el cuello en plena carrera y le arranco la cabeza de cuajo por el mero hecho de ponerse a su lado. Al llegar al primer grupo de ovejas, solo dos de ellos se centraron en ellas, comenzaron a perseguirlas, a matarlas anárquicamente, no era una caza normal, donde eligen al mas débil y lo matan para comer, estaban matando a todas las que podían pillar. El perro dominante continúo corriendo seguido del Pitbul, se acercaron a un pequeño grupo de ovejas y el primero las envistió como si de un tráiler se tratara, comenzaron a saltar trozos de oveja por todos lados. Pudimos ver cómo iba dando zarpazos a todo lo que tenía cerca, desgarrando y cortando todo lo que se ponía a tiro. Cuando paso el pequeño grupo, continuo corriendo hacia el grupo que teníamos al lado, nos acurrucamos mas y flipamos con la visión, el perro dio un salto tremendo y cayó en el centro del grupo comenzando su festín, llevaba tal frenesí que sin darse cuenta, y sin que le importara demasiado, rajó a su compañero de arriba abajo dejando caer todos sus intestinos en la calle, en pocos segundos acabo con todo el grupo, se quedo un momento inmóvil mirando hacia nosotros, nos ocultamos y comenzados a prepararnos por si acaso.
-Joder, joder - dije acojonado. - No vamos a tener un puto respiro.
Pero no pasó nada, el perro cogió un par de ovejas, o lo quedaba de ellas y se marchó. Los dos perros que quedaban cogieron sendas ovejas y le siguieron en dirección opuesta a nosotros, subieron una de las calles y se alejaron.
- Espero que se vayan bien lejos - dijo Merche.
- Yo también - contesté aliviado - ¿vamos?
- Yo creo que sí - confirmo Merche después de asomarse.
Salimos por la puerta del jardín y corrimos en línea recta hacia el siguiente jardín dejando a nuestra derecha la zona de caza. El espectáculo era dantesco, la calle había cambiado de color y había trozos de oveja por todos lados. Por un momento nos pareció oír los ladridos de los perros pero eran lejanos y enseguida se apagaron.
Espero que realmente sea lejos.
Llegamos al siguiente jardín, este a diferencia del nuestro no está cerrado con verjas y es bastante más grande, esto significa que hay bastantes más bloques juntos. Hicimos el mismo proceso, nos pegamos a los edificios y andamos rápidamente, cuando llegábamos a las esquinas de los edificios nos parábamos un momento y mirábamos a todas las ventanas que teníamos a la vista. De momento no había ninguna señal de vida.
- Nos quedan tres edificios antes de llegar a la callejuela que da al jardín trasero de la casa de tu hermana - le comente a Merche.
- Vale, sigamos - me dijo, la note nerviosa.
Pasamos el primer edificio, llegamos al segundo y nos paramos de nuevo, sentí como Merche me tiraba de la camiseta.
- Mira. - Me estaba señalando una ventana. - Ese tío nos está mirando.
- ¿Donde? - pregunte. - Joder - no me hizo falta que me lo dijera, en el edificio de enfrente había un hombre, de unos cuarenta años, que tenía los ojos clavados en nosotros.
No supimos qué hacer, cuando fuimos a reaccionar incorporándonos decididos a acelerar el paso y perdernos hacia nuestro objetivo, el hombre reacciono y con cara de terror cerro las cortinas y bajo la persiana en un segundo. Nos quedamos atónitos.
- Ese tío no es un infectado. - Me atreví a afirmar mientras no salía de mi asombro.
- Si nosotros le damos miedo, no lo creo. - Me dijo Merche mientras sonreía.
- ¿Me estás diciendo que yo no doy miedo? - le respondí mientras cogía el g36 y ponía cara de "Rambo". Comenzamos a reírnos, menos mal que no hemos perdido el humor. - Vamos a casa de tu hermana, ya nos preocuparemos de él en otro momento.
Continuamos, no sin echar algunas miradas hacia atrás, no teníamos ganas de que nos sorprendiera, estuviera infectado o no. En poco llegamos a la entrada del jardín. Ayude a Merche a saltar la verja, le pase todos los trastos que llevábamos y salté yo.
- Vamos a darnos prisa - me dijo Merche - estamos perdiendo mucho tiempo y la noche se nos va a echar encima.
Asentí y comenzamos a avanzar pegados a los edificios. Tenemos tres edificios por delante, es poco camino afortunadamente pero hay que hacerlo rápido y con cuidado.
Al pasar el primer edificio nos dimos de bruces con una escena desalentadora. Vimos a un hombre y una mujer que se había colgado desde una ventana, habían preparado dos cuerdas, las habían atado juntas y se arrojaron de la mano tres pisos abajo quedando colgados a la altura de la ventana del primer piso. Mucha gente se debía de estar rindiendo, no comprendían lo que pasaba, estando en esos edificios habían vivido de cerca muchas cosas que nosotros solo llegamos a oír, seguramente habrían visto otras tantas que les hicieron perder la esperanzo muy pronto y decidieron acabar juntos y con sus propios medios, no en manos de unos psicópatas asesinos y sanguinarios.
Dejamos los cuerpos atrás y continuamos avanzando, esta vez más rápido. No pude evitar mirar alrededor, a lo largo del jardín. Lamentablemente la historia se repitió varias veces, unos colgados otros simplemente se habían arrojado contra el suelo, algunos se deberían haber retorcido de dolor y muerto lentamente ante el golpe. Por fin llegamos a la puerta del edificio, estaba abierta totalmente.
- Bueno, vamos para allá. - nos dijimos tratando de infundirnos un poco de ánimo.
Nos metimos los dos en el edificio, el olor era tremendamente fuerte. Subimos el primer tramo de escaleras y llegamos al descansillo del portal. Las puertas de las casas estaban abiertas pero no parecía que hubiera nadie, decidimos cerrarlas por si acaso. Subimos al siguiente piso, según íbamos avanzando empezamos a ver que las escaleras estaban comenzando a cambiar de color, los escalones tenían cada vez más sangre y al llegar al descansillo del segundo piso vimos el origen. Había tres cuerpos acribillados, rodeados de casquillos y sobre enormes charcos de sangre, eran los vecinos de ese piso. Los soldados los habían ejecutado allí mismo, uno de ellos estaba atado a la barandilla, a sus pies estaba una mujer y en la puerta del piso cercano a las escaleras había otro cuerpo. Estaba claro que el hombre estaba infectado y los soldados quisieron contenerle atándole y luego ejecutándole, la mujer debió intentar evitarlo y se la llevaron por delante, el cuerpo de la casa no podemos deducir el porqué, quizás trato de atacar a los soldados, quizás decidieron ejecutarlo también "por si acaso", mejor no pensarlo.
Nos repusimos y continuamos al tercer piso, la puerta de la casa de la hermana de Merche estaba cerrada, no así la de enfrente, de la que salía un olor asqueroso.
Volvimos a cerrar la puerta, pasamos de aventurarnos en otro peligro.
- No puedo abrir la puerta - me dijo mientras trataba de meter la llame en el bombín
- es como si hubieran roto la llave para evitar que se abriera.
- ¿Has llamado? - pregunte mientras miraba la calle desde la ventana de las escaleras.
- Sí, el timbre no funciona y he dado varios golpes. - respondió, y se quedo en silencio pensativa mientras miraba la pared.
- ¿Qué pasa? - volví a preguntar.
- Mira - respondió mientras me señalaba una zona de la pared.
Escrito en la pared con una navaja podíamos leer "Moral AG 239", estaba claro, ambos se habían ido a casa de la madre de Merche. Por lo menos lo habían intentado, hace unos días.
- Cuando lleguemos a casa, si hay internet, mándales varios mails a todos para que te confirmen si están allí o no. - Le dije a Merche.
- Sí, vámonos rápido a casa y lo hago lo antes posible, también voy a intentar llamarles.
Bajamos las escaleras y salimos al jardín, cuando fuimos a pasar las puertas de la verja oímos un golpe tremendo pero muy seco. Nos dimos la vuelta y una persona se arrojaba desde su ventana en un tercer piso, al caer vimos que había otro cuerpo a su lado, comenzó a retorcerse de dolor y a chillar. Un ladrido profundo se oyó en la esquina, seguido de otros dos, no pudimos evitar salir corriendo.
Cuando llegamos a casa nos cerramos a cal y canto, nos tiramos en el sillón y tratamos de descansar un poco, Merche cogió el ordenador y mando varios mails, cuando acabo cogió su teléfono móvil y trato de llamar a su hermana.
- ¿Si?... che... com... ...as... Mer... - era todo lo que pudo oir antes de que se cortara.
Unas lágrimas salieron de sus ojos.
- Era mi hermana, estoy segura, yo creo que si han llegado a casa - dijo llorando.
Estuvo un rato así, el alivio de saber que seguían vivos la hizo sentir tal alegría que no pudo contenerse. Cenamos y nos fuimos a dormir.
Esta mañana he estado preparando todo para salir, tengo que contactar con mis padres, la última vez que hable con ellos no tenían muchas intenciones de moverse de casa y de mi hermana no sé nada, vive en Tarragona y no respondió al mail que la mandé.
Llevo toda la tarde repasando mentalmente todo lo sucedido, estoy muy cansado, estamos muy cansados. Tenemos que hacer algo con los tres perros que hay por fuera, no sabemos si se acercaran aquí o no pero parece que tienen su campo de caza en la zona. Además, he visto pasar unas vacas por delante de casa, después de las ovejas no me ha extrañado, pero una de ellas tenía una herida tremenda en la pata trasera.
Si hay caza, hay cazadores, si hay cazadores, hay peligro.
Decidimos ir a buscar a la hermana de Merche, estuvimos descansando por la noche y por la mañana estuvimos en la calle de enfrente de casa vigilando. Estuvimos atentos a los ruidos, fuimos comprobando puertas de bloques, observando los pisos y chequeando lo que podíamos de las parcelas de chalets, sobre todo los que tienen las ventanas abiertas, rotas o las persianas subidas. Así toda la mañana, nos hemos encontrado ni oído nada de mención, parece que estamos totalmente solos, por lo menos en los edificios que tenemos cerca, pero nos estamos tratando de mentalizar, la calma puede ser engañosa, no tenemos que dejar de estar alerta.
Se ha vuelto a oír un helicóptero y creemos que han pasado dos trenes, uno en dirección Madrid y otro en dirección Ávila, estamos pensando en acercarnos a las vías y comprobar estos trenes, tenemos que salir a una calle principal con chalets a cada lado, sería un punto de seguridad porque hay bastante espacio en la calle y las vallas suelen ser altas, pero lo que me preocupa es que en el noventa por ciento de los chalets hay uno o dos perros. Teniendo en cuenta lo que vivimos hace días, puede producirse una situación realmente peligrosa.
Es una tontería, pero hemos vuelto a escuchar cantar a los pájaros, es curioso la sensación de seguridad que trasmiten, oírles cantar tranquilamente en los arboles y verles volar cuando nos acercamos es algo que no te das cuenta de que ha estado faltando hasta que lo vuelves a vivir. También hemos visto un par de gatos, la verdad que cuando han saltado de unos contenedores nos hemos quedado helados y estamos dispuestos a abrir fuego pero al ver que han huido cuando nos han visto ha sido muy relajante, sensaciones de normalidad estamos viviendo, si no fuera por lo "muerta" que esta la calle podríamos decir que estamos viviendo una llegada del Otoño normal.
Mi herida del hombro está comenzando a cicatrizar bien, la pasta coagulante que cogió Merche de la farmacia, las limpiezas con suero y yodo le hacemos y que no he tenido sobresaltos graves en dos días han hecho que las grapas actúen bien, las heridas del estomago y de las manos casi han desaparecido. Merche se encuentra mucho mejor, la paliza que recibió no fue muy grande y las magulladuras están desapareciendo rápidamente.
Menos mal que esto no está teniendo un ritmo frenético, menos mal que podemos descansar y que tenemos estos momentos de tranquilidad, si llegamos a traernos a las perras esto podría ser un paseo de domingo como los de antes. De hecho, nos hemos planteado salir con ellas un día de estos.
Después de comer, llego el momento, vamos a comprobar cómo están la hermana de Merche y su marido. Vamos a ir más allá de la manzana que forma nuestra parcela de bloques y lo vamos a hacer andando. Hemos preparado la pistola y el G36, llevamos un cuchillo de cocina y un martillo, usaremos las armas de cuerpo a cuerpo antes que las de fuego, no queremos que la calma se acabe por meter más ruido del necesario. Nos vamos a mover por los jardines hasta donde podemos, pegados a los edificios, tendremos que tener cuidado porque no sabemos la situación de los demás edificios, trataremos de entrar por la puerta trasera de su edificio, la que da a sus jardines, con suerte estera abierta y no tendremos que ir por una calle principal ni pasaremos al lado del Mercadona.
Salimos de casa por la puerta del jardín, comenzamos haciendo el mismo movimiento que el día que colocamos la batería en la valla, que por cierto, no hemos tocado y no sabemos como esta. Nos pegamos a los edificios y fuimos avanzando, esta vez con algo más de rapidez, confiábamos en que de verdad no hubiese mucha gente. Cuando llegamos a la valla nos quedamos perplejos, había una docena de pájaros muertos a los pies, un gato mutado, tenía el cuerpo muy parecido al perro de hace unos días y las garras le habían crecido tanto que las llevaba desplegadas y debía de andar sobre ellas, lo curioso es que no imponía tanto, al ser más pequeño el desarrollo había sido menor, no creo que llegase a doblar su tamaño normal. Estaba cerca de una zona de la valla bastante machacada, es como si antes de morir hubiera estado mordiendo y golpeándola una y otra vez sin importarle las descargas hasta que se quedo enganchado y la descarga fue continua.
- Voy a comprobar si hay corriente - le dije a Merche mientras me acercaba a la zona donde habíamos pillado las pinzas - está seca - le comente mientras chocaba los polos de las pinzas uno con otro y no había reacción alguna.
- Con todo lo que hay aquí no me extraña - me comento mirando a los pájaros y el gato muerto.
Recogí las pinzas y me acerque corriendo al garaje para dejarlas en un sitio a mano, si las necesitábamos mejor cerca que lejos. Cuando volví vi a Merche agazapada y haciéndome señales de que fuera tranquilo y en silencio.
- ¿Qué pasa? - le pregunte mientras me agachaba a su lado.
- Mira - me dijo señalándome al fondo de la calle.
Al fondo de la calle lo que vi fue un rebaño, sí, un rebaño de ovejas andando, corriendo, en el césped delantero de las casas pastando.
- ¿Ovejas? - pregunte alucinado. - ¿Qué hacen aquí?
La respuesta era evidente, estamos rodeados de campo y seguramente se habrían escapado de alguna granja o de algún pasto, quizás alguien las había alterado y habían acabado aquí.
- Chist - Merche me pidió que guardara silencio - no son las ovejas lo que me ha llamado la atención. - continuo mientras me señalaba a uno de los garajes - mira.
Me fije en el punto que me señalo Merche, la verdad es que describirlo se va a quedar corto y no trasmitirá lo que vivimos en ese momento, pero lo intentare. Estábamos a plena luz del día, los garajes cerrados son oscuros pero reciben una luz tenue natural, sobre todo si las puertas están abiertas. En el garaje se comenzaron a ver pares de lucecillas, o eso parecían, rojizas, amarillas incluso había algunas verdosas. En total conté cinco pares de luces. Se comenzó a oír un ligero gruñido que iba en aumento y con el eco de los edificios parecía como una segadora que se iba acercando. En poco tiempo el eco era bastante desagradable y los gruñidos se multiplicaron. Las ovejas comenzaron a estar nerviosas, algunas salían corriendo en varias direcciones, un grupo de ellas vino hacia nosotros y, cuando nos sintieron, se quedaron paralizadas y acorraladas, sentían peligro en las direcciones por las que podían huir. En cuestión de segundos asistimos a una caza salvaje en toda regla, como las de los documentales de la televisión, del garaje salieron como balas cinco perros enormes, un par de Pastores Alemanes, un Pitbul, un Rottweiler y lo que parecía un chucho, y volvemos a lo mismo, parecía porque era una masa caótica de piel desarrollada, agujeros con forma de cavernas y piel bastante desagradable. Los cuatro perros que pudimos distinguir no tenían a penas pelo y su desarrollo no era tan exagerado como este ultimo que tenía toda la pinta de ser el dominante. Según iban corriendo a por las ovejas este iba lanzando ladridos, o algo parecido, a los demás perros, les tiraba bocados si le adelantaban, llego a coger a uno de los Pastores por el cuello en plena carrera y le arranco la cabeza de cuajo por el mero hecho de ponerse a su lado. Al llegar al primer grupo de ovejas, solo dos de ellos se centraron en ellas, comenzaron a perseguirlas, a matarlas anárquicamente, no era una caza normal, donde eligen al mas débil y lo matan para comer, estaban matando a todas las que podían pillar. El perro dominante continúo corriendo seguido del Pitbul, se acercaron a un pequeño grupo de ovejas y el primero las envistió como si de un tráiler se tratara, comenzaron a saltar trozos de oveja por todos lados. Pudimos ver cómo iba dando zarpazos a todo lo que tenía cerca, desgarrando y cortando todo lo que se ponía a tiro. Cuando paso el pequeño grupo, continuo corriendo hacia el grupo que teníamos al lado, nos acurrucamos mas y flipamos con la visión, el perro dio un salto tremendo y cayó en el centro del grupo comenzando su festín, llevaba tal frenesí que sin darse cuenta, y sin que le importara demasiado, rajó a su compañero de arriba abajo dejando caer todos sus intestinos en la calle, en pocos segundos acabo con todo el grupo, se quedo un momento inmóvil mirando hacia nosotros, nos ocultamos y comenzados a prepararnos por si acaso.
-Joder, joder - dije acojonado. - No vamos a tener un puto respiro.
Pero no pasó nada, el perro cogió un par de ovejas, o lo quedaba de ellas y se marchó. Los dos perros que quedaban cogieron sendas ovejas y le siguieron en dirección opuesta a nosotros, subieron una de las calles y se alejaron.
- Espero que se vayan bien lejos - dijo Merche.
- Yo también - contesté aliviado - ¿vamos?
- Yo creo que sí - confirmo Merche después de asomarse.
Salimos por la puerta del jardín y corrimos en línea recta hacia el siguiente jardín dejando a nuestra derecha la zona de caza. El espectáculo era dantesco, la calle había cambiado de color y había trozos de oveja por todos lados. Por un momento nos pareció oír los ladridos de los perros pero eran lejanos y enseguida se apagaron.
Espero que realmente sea lejos.
Llegamos al siguiente jardín, este a diferencia del nuestro no está cerrado con verjas y es bastante más grande, esto significa que hay bastantes más bloques juntos. Hicimos el mismo proceso, nos pegamos a los edificios y andamos rápidamente, cuando llegábamos a las esquinas de los edificios nos parábamos un momento y mirábamos a todas las ventanas que teníamos a la vista. De momento no había ninguna señal de vida.
- Nos quedan tres edificios antes de llegar a la callejuela que da al jardín trasero de la casa de tu hermana - le comente a Merche.
- Vale, sigamos - me dijo, la note nerviosa.
Pasamos el primer edificio, llegamos al segundo y nos paramos de nuevo, sentí como Merche me tiraba de la camiseta.
- Mira. - Me estaba señalando una ventana. - Ese tío nos está mirando.
- ¿Donde? - pregunte. - Joder - no me hizo falta que me lo dijera, en el edificio de enfrente había un hombre, de unos cuarenta años, que tenía los ojos clavados en nosotros.
No supimos qué hacer, cuando fuimos a reaccionar incorporándonos decididos a acelerar el paso y perdernos hacia nuestro objetivo, el hombre reacciono y con cara de terror cerro las cortinas y bajo la persiana en un segundo. Nos quedamos atónitos.
- Ese tío no es un infectado. - Me atreví a afirmar mientras no salía de mi asombro.
- Si nosotros le damos miedo, no lo creo. - Me dijo Merche mientras sonreía.
- ¿Me estás diciendo que yo no doy miedo? - le respondí mientras cogía el g36 y ponía cara de "Rambo". Comenzamos a reírnos, menos mal que no hemos perdido el humor. - Vamos a casa de tu hermana, ya nos preocuparemos de él en otro momento.
Continuamos, no sin echar algunas miradas hacia atrás, no teníamos ganas de que nos sorprendiera, estuviera infectado o no. En poco llegamos a la entrada del jardín. Ayude a Merche a saltar la verja, le pase todos los trastos que llevábamos y salté yo.
- Vamos a darnos prisa - me dijo Merche - estamos perdiendo mucho tiempo y la noche se nos va a echar encima.
Asentí y comenzamos a avanzar pegados a los edificios. Tenemos tres edificios por delante, es poco camino afortunadamente pero hay que hacerlo rápido y con cuidado.
Al pasar el primer edificio nos dimos de bruces con una escena desalentadora. Vimos a un hombre y una mujer que se había colgado desde una ventana, habían preparado dos cuerdas, las habían atado juntas y se arrojaron de la mano tres pisos abajo quedando colgados a la altura de la ventana del primer piso. Mucha gente se debía de estar rindiendo, no comprendían lo que pasaba, estando en esos edificios habían vivido de cerca muchas cosas que nosotros solo llegamos a oír, seguramente habrían visto otras tantas que les hicieron perder la esperanzo muy pronto y decidieron acabar juntos y con sus propios medios, no en manos de unos psicópatas asesinos y sanguinarios.
Dejamos los cuerpos atrás y continuamos avanzando, esta vez más rápido. No pude evitar mirar alrededor, a lo largo del jardín. Lamentablemente la historia se repitió varias veces, unos colgados otros simplemente se habían arrojado contra el suelo, algunos se deberían haber retorcido de dolor y muerto lentamente ante el golpe. Por fin llegamos a la puerta del edificio, estaba abierta totalmente.
- Bueno, vamos para allá. - nos dijimos tratando de infundirnos un poco de ánimo.
Nos metimos los dos en el edificio, el olor era tremendamente fuerte. Subimos el primer tramo de escaleras y llegamos al descansillo del portal. Las puertas de las casas estaban abiertas pero no parecía que hubiera nadie, decidimos cerrarlas por si acaso. Subimos al siguiente piso, según íbamos avanzando empezamos a ver que las escaleras estaban comenzando a cambiar de color, los escalones tenían cada vez más sangre y al llegar al descansillo del segundo piso vimos el origen. Había tres cuerpos acribillados, rodeados de casquillos y sobre enormes charcos de sangre, eran los vecinos de ese piso. Los soldados los habían ejecutado allí mismo, uno de ellos estaba atado a la barandilla, a sus pies estaba una mujer y en la puerta del piso cercano a las escaleras había otro cuerpo. Estaba claro que el hombre estaba infectado y los soldados quisieron contenerle atándole y luego ejecutándole, la mujer debió intentar evitarlo y se la llevaron por delante, el cuerpo de la casa no podemos deducir el porqué, quizás trato de atacar a los soldados, quizás decidieron ejecutarlo también "por si acaso", mejor no pensarlo.
Nos repusimos y continuamos al tercer piso, la puerta de la casa de la hermana de Merche estaba cerrada, no así la de enfrente, de la que salía un olor asqueroso.
Volvimos a cerrar la puerta, pasamos de aventurarnos en otro peligro.
- No puedo abrir la puerta - me dijo mientras trataba de meter la llame en el bombín
- es como si hubieran roto la llave para evitar que se abriera.
- ¿Has llamado? - pregunte mientras miraba la calle desde la ventana de las escaleras.
- Sí, el timbre no funciona y he dado varios golpes. - respondió, y se quedo en silencio pensativa mientras miraba la pared.
- ¿Qué pasa? - volví a preguntar.
- Mira - respondió mientras me señalaba una zona de la pared.
Escrito en la pared con una navaja podíamos leer "Moral AG 239", estaba claro, ambos se habían ido a casa de la madre de Merche. Por lo menos lo habían intentado, hace unos días.
- Cuando lleguemos a casa, si hay internet, mándales varios mails a todos para que te confirmen si están allí o no. - Le dije a Merche.
- Sí, vámonos rápido a casa y lo hago lo antes posible, también voy a intentar llamarles.
Bajamos las escaleras y salimos al jardín, cuando fuimos a pasar las puertas de la verja oímos un golpe tremendo pero muy seco. Nos dimos la vuelta y una persona se arrojaba desde su ventana en un tercer piso, al caer vimos que había otro cuerpo a su lado, comenzó a retorcerse de dolor y a chillar. Un ladrido profundo se oyó en la esquina, seguido de otros dos, no pudimos evitar salir corriendo.
Cuando llegamos a casa nos cerramos a cal y canto, nos tiramos en el sillón y tratamos de descansar un poco, Merche cogió el ordenador y mando varios mails, cuando acabo cogió su teléfono móvil y trato de llamar a su hermana.
- ¿Si?... che... com... ...as... Mer... - era todo lo que pudo oir antes de que se cortara.
Unas lágrimas salieron de sus ojos.
- Era mi hermana, estoy segura, yo creo que si han llegado a casa - dijo llorando.
Estuvo un rato así, el alivio de saber que seguían vivos la hizo sentir tal alegría que no pudo contenerse. Cenamos y nos fuimos a dormir.
Esta mañana he estado preparando todo para salir, tengo que contactar con mis padres, la última vez que hable con ellos no tenían muchas intenciones de moverse de casa y de mi hermana no sé nada, vive en Tarragona y no respondió al mail que la mandé.
Llevo toda la tarde repasando mentalmente todo lo sucedido, estoy muy cansado, estamos muy cansados. Tenemos que hacer algo con los tres perros que hay por fuera, no sabemos si se acercaran aquí o no pero parece que tienen su campo de caza en la zona. Además, he visto pasar unas vacas por delante de casa, después de las ovejas no me ha extrañado, pero una de ellas tenía una herida tremenda en la pata trasera.
Si hay caza, hay cazadores, si hay cazadores, hay peligro.
martes, 4 de octubre de 2011
ENTRADA 29
Me acabo de levantar, después de la experiencia de ayer, desde que llegamos a casa nos hemos pasado el tiempo tirados en la cama recuperándonos de los diversos golpes que hemos sufrido. Afortunadamente ninguno tiene una herida de gravedad y mi hombro ha apuntado bien.
Para lo único que nos hemos levantado ha sido para organizar un poco todo lo que hemos traído y a racionar un poco lo que tenemos de comida.
He estado dándole vueltas, ayer matamos a personas, es cierto que hace unos días matamos a la vecina y a un perro pero ambos estaban tan deformados y estaban lejos de parecer lo que eran originalmente, los tres que cayeron ayer eran como nosotros, no tenían nada hiper desarrollado, no gemían ni soltaban ruidos, ellos hablaban normalmente, se movían normalmente, si no fuera por su manera de actuar podría decir que eran personas normales y no infectados. Si es que realmente estaban infectados.
Esta duda me invade, ¿realmente estaban infectados? como saberlo, quizás nos enfrentamos a unos desgraciados que aprovechan el caos para hacer lo que quieran y cometer asesinatos y robos, no sé, trato de no pensar en ello pero no puedo evitarlo. ¿Habría mucha diferencia en matar a un infectado, que está bajo los efectos de un virus que le obliga a actuar así, o matar a un tío que es violento por que sí y no dudaría en hacernos daño? me escudo en eso, si no hubieran muerto ellos, a saber lo que habría pasado con nosotros, seguramente nosotros seriamos los cadáveres.
También le estamos dando vueltas a la idea de irnos al punto seguro del laboratorio en la Pedriza. Tenemos que decidirlo lo antes posible porque estamos en Octubre, las noches ya son frías y no sabemos lo que podemos encontrarnos ni cuanto podemos llegar a tardar. Además, ayer no nos pasamos por casa de la hermana de Merche, quisimos hacerlo todo tan rápido y centrarnos en el Mercadona, aprovechando el follón que montaron los soldados, que nos olvidamos totalmente de pasar por allí. Queremos tratar de contactar con ellos para saber si están bien y si se vendrían con nosotros. Hoy por fin he tenido mail de mis padres, parece que están bien y encerrados en casa, deberíamos ir a por ellos para llevarlos con nosotros, igual que con la madre de Merche, su casa esta de camino así que pararemos a recogerla. Merche ha tratado de llamarla por teléfono, tanto móvil como fijo, pero como hasta hoy, los teléfonos tienen mucho ruido y somos incapaces de saber si dan señal, si lo coge alguien o si ni siquiera funcionan. Al final ha mandado más mails a su familia esperando que alguien acabe respondiendo.
Esta noche ha vuelto a pasar un helicóptero por la zona, me imagino que será el del ejército que paso hace un par de días, pero ni me he molestado en asomarme a verlo. La calle está totalmente tranquila, no hemos vuelto a oír ningún ruido ni grito. ¿Sería más seguro quedarse aquí y sobrevivir solos? quizás, pero tal y como vimos el Mercadona, poco mas vamos a poder coger, así que los víveres son limitados. La luz sigue teniendo cortes y cada vez parecen más largos. El agua de momento sigue saliendo, pero a veces hace raros como si hubiera tenido un corte y las tuberías se hubieran llenado de aire.
Hemos pensado en salir esta noche de "paseo" dar una vuelta a la urbanización, ver si realmente estamos solos y esta todo despejado y tranquilo. La sensación que tenemos es buena pero no queremos relajarnos. Iremos a casa de la hermana de Merche y comprobaremos la calle de la estación para comprobar que esté totalmente despejada, el mayor temor que tenemos de decidir irnos, es encontrarnos con muchos obstáculos en la carretera y tener que andar.
Tenemos preparadas varias cosas, una tienda de campaña, los sacos, material de camping, dos botiquines, un par de linternas, comida que hemos separado para este caso, las armas, un par de bolsos para llevar a las perras en caso de tener que correr para poder llevar los brazos libres y algunas cosas más. Esta noche tenemos que tener decidido si nos vamos o no. Por donde vamos a pasar y por donde no.
Para lo único que nos hemos levantado ha sido para organizar un poco todo lo que hemos traído y a racionar un poco lo que tenemos de comida.
He estado dándole vueltas, ayer matamos a personas, es cierto que hace unos días matamos a la vecina y a un perro pero ambos estaban tan deformados y estaban lejos de parecer lo que eran originalmente, los tres que cayeron ayer eran como nosotros, no tenían nada hiper desarrollado, no gemían ni soltaban ruidos, ellos hablaban normalmente, se movían normalmente, si no fuera por su manera de actuar podría decir que eran personas normales y no infectados. Si es que realmente estaban infectados.
Esta duda me invade, ¿realmente estaban infectados? como saberlo, quizás nos enfrentamos a unos desgraciados que aprovechan el caos para hacer lo que quieran y cometer asesinatos y robos, no sé, trato de no pensar en ello pero no puedo evitarlo. ¿Habría mucha diferencia en matar a un infectado, que está bajo los efectos de un virus que le obliga a actuar así, o matar a un tío que es violento por que sí y no dudaría en hacernos daño? me escudo en eso, si no hubieran muerto ellos, a saber lo que habría pasado con nosotros, seguramente nosotros seriamos los cadáveres.
También le estamos dando vueltas a la idea de irnos al punto seguro del laboratorio en la Pedriza. Tenemos que decidirlo lo antes posible porque estamos en Octubre, las noches ya son frías y no sabemos lo que podemos encontrarnos ni cuanto podemos llegar a tardar. Además, ayer no nos pasamos por casa de la hermana de Merche, quisimos hacerlo todo tan rápido y centrarnos en el Mercadona, aprovechando el follón que montaron los soldados, que nos olvidamos totalmente de pasar por allí. Queremos tratar de contactar con ellos para saber si están bien y si se vendrían con nosotros. Hoy por fin he tenido mail de mis padres, parece que están bien y encerrados en casa, deberíamos ir a por ellos para llevarlos con nosotros, igual que con la madre de Merche, su casa esta de camino así que pararemos a recogerla. Merche ha tratado de llamarla por teléfono, tanto móvil como fijo, pero como hasta hoy, los teléfonos tienen mucho ruido y somos incapaces de saber si dan señal, si lo coge alguien o si ni siquiera funcionan. Al final ha mandado más mails a su familia esperando que alguien acabe respondiendo.
Esta noche ha vuelto a pasar un helicóptero por la zona, me imagino que será el del ejército que paso hace un par de días, pero ni me he molestado en asomarme a verlo. La calle está totalmente tranquila, no hemos vuelto a oír ningún ruido ni grito. ¿Sería más seguro quedarse aquí y sobrevivir solos? quizás, pero tal y como vimos el Mercadona, poco mas vamos a poder coger, así que los víveres son limitados. La luz sigue teniendo cortes y cada vez parecen más largos. El agua de momento sigue saliendo, pero a veces hace raros como si hubiera tenido un corte y las tuberías se hubieran llenado de aire.
Hemos pensado en salir esta noche de "paseo" dar una vuelta a la urbanización, ver si realmente estamos solos y esta todo despejado y tranquilo. La sensación que tenemos es buena pero no queremos relajarnos. Iremos a casa de la hermana de Merche y comprobaremos la calle de la estación para comprobar que esté totalmente despejada, el mayor temor que tenemos de decidir irnos, es encontrarnos con muchos obstáculos en la carretera y tener que andar.
Tenemos preparadas varias cosas, una tienda de campaña, los sacos, material de camping, dos botiquines, un par de linternas, comida que hemos separado para este caso, las armas, un par de bolsos para llevar a las perras en caso de tener que correr para poder llevar los brazos libres y algunas cosas más. Esta noche tenemos que tener decidido si nos vamos o no. Por donde vamos a pasar y por donde no.
domingo, 2 de octubre de 2011
ENTRADA 28
Seguimos con vida, la verdad es que después de lo que hemos pasado hoy es algo que resultaría sorprendente a cualquiera. Menos mal que ayer estuvo el ejército por aquí y por lo que hemos visto hoy ha hecho una tremenda limpieza, no creo que queden demasiados infectados en la zona. En el parque que hay al lado del Mercadona hay una enorme hoguera donde parece que han quemado varios cuerpos.
En fin, a las 7.00 estábamos preparados para salir, volvimos a vestirnos de negro con la cara pintada, nos armamos con la pistola Merche y yo cogí un cuchillo de cocina. La calle estaba totalmente desierta y se notaba una tremenda tranquilidad en el ambiente.
Arrancamos el coche para poder llegar a la calle principal, fuimos con mucho cuidado y tratando de controlar los acelerones para no meter demasiado ruido. Cuando llegamos al final de la calle, en dirección contraria por cierto, vimos el primer lugar de combates, los pocos árboles que había estaban destrozados por los disparos y seguramente por el impacto de alguna granada. Se podían ver múltiples charcos de sangre reseca en el suelo, cantidad de casquillos y cargadores vacios, así como palos, palas, estacas y todo tipo de arma contundente casera que uno se pueda imaginar. De uno de los charcos más grandes arrancaban las huellas de un camión en dirección al Mercadona, por el cumulo de mierda, de girones e incluso trozos de carne que las hurracas y cuervos comían, tenía toda la pinta de que allí habían montado los cuerpos muertos para bajarlos al parque.
Cuando dejamos atrás ese primer punto, apagamos el coche y lo dejamos caer por la cuesta, ambos nos agachamos dentro para evitar ser vistos, yo conducía asomándome de vez en cuando para ver que seguíamos bajando recto y no había nada por delante. Al llegar al Mercadona empecé a frenar poco a poco, el coche estaba apagado así que las luces no se encendían, teníamos que hacer un giro de noventa grados y no quería que tuviéramos problemas por la velocidad aunque suponía tener que arrancar el coche para poder enfilar el garaje del supermercado, así que cuando llegamos a su altura paramos totalmente y nos quedamos un rato a la espera, escuchando, mirando y vigilando las calles. Tras veinte minutos arranque el coche y lo tome rápidamente la cuesta del garaje, esta tiene dos tramos, uno en subida y después la bajada al subterráneo así que en cuanto sorteamos la cuesta en contra volví a apagar el coche y dejarlo caer, entramos directamente al garaje y por la inercia conseguimos llegar hasta la puerta de entrada al super. Me baje del coche y Merche tomo el volante, unos pocos empujones y dejamos el coche metido en la entrada, enfilando la salida, con el maletero abierto para poder entrar de un salto.
El sótano del Mercadona consta de un almacén, el cual estaba cerrado a cal y canto, dos baños, los ascensores y las escaleras. Dejamos delante de la puerta del almacén todos los carros que encontramos para poner difícil salir de él en caso de que alguien se hubiera metido dentro, en total unos dieciséis carros menos uno que nos dejamos para cargar todo lo que pudiéramos. Sorprendentemente el ascensor funcionaba, así que decimos usarlo, yo subí por las escaleras con la pistola y Merche esperaría a que la avisara para subir. Cuando llegue arriba el supermercado estaba oscuro, las cajas y carros estaba destrozados y tirados por todos lados, había mucho material desperdigado por el suelo. Avise a Merche. Al poco apareció el ascensor y ella con el carro, bloqueamos el ascensor con un trozo de plástico de una caja evitando que se cerrase.
Nos metimos en el supermercado por la caja que hay enfrente de los ascensores, fuimos retirando poco a poco las cosas que nos bloqueaban y nos dirigimos al final de los pasillos. Allí es donde están las latas de caducidad alta. Según íbamos pasando estantes y pasillos, mirábamos por si hubiera algo que nos valiera y que no estuviese pisado o abierto, de aquí y allí cogíamos algunas cosas en fecha o que llevaran pocos días caducadas, unos bollos, algo de pan, galletas, mermelada, pastas, sopas, conseguimos algo de jamón y queso, pates. Cogíamos cantidades normales, nada de llenar el carro a lo loco, si teníamos que correr lo íbamos a intentar con el carro. Por fin llegamos al final del pasillo, es curioso que la gente no cuenta con las latas de caducidad alta en estos casos, siempre tiran por lo fresco o que conocen, es cierto que las latas no tienen un sabor tremendo pero ayudan y mucho. Pudimos hacernos con dos cajas completas de albóndigas, unas veinte latas, una caja de lentejas con diez latas, cuatro latas de raviolis, siete de cocido y algunas de judías. Recordamos que el chocolate estaba al lado de las latas, no pudimos evitar coger unas cuantas tabletas. Pasamos hacia el pasillo de la leche para coger un par de bolsas de leche en polvo, aprovechamos y también nos hicimos con cuatro garrafas de agua.
- ¿Que mas tenemos o debemos coger? – pregunté.
- No sé, está muy tranquilo, si quieres nos separamos y miramos rápidamente que nos puede faltar de los pasillos de al lado. – respondió Merche.
- Muy bien, pero con cuidado, llévate la pistola y grita si necesitas algo. – le dije mientras dejábamos el carro “aparcado”.
Merche se fue hacia el pasillo de droguería, imagino que para coger vendas, tiritas, alcohol y cosas de higiene que pudiéramos necesitar. Yo me dirigí al pasillo de la comida para animales, las perritas se merecían algo rico para ellas.
- ¡¡¡Wuoooo, jajajaja, una presa!!! – oí de repente en la entrada. – es mía, es mía.
- ¡¡¡No, no, es para mí, a esta la mato yo!!! – respondió otra voz. Los chillidos se introdujeron en el supermercado y lamentablemente en dirección a Merche.
- ¡¡¡Borja!!! – grito Merche antes de que la placaran.
Se oyó como ella y uno de sus perseguidores se golpearon contra una de las estanterías. Corrieron tan rápido que no le dio tiempo de reaccionar y dispararles.
- ¡¡¡Ayuda!!! – gritaba Merche desesperada.
- Jaja, nos vamos a divertir – decía animado uno de los infectados.
Me dirijí corriendo silenciosamente hacia ellos, estaban tan enajenados y centrados en Merche que no se habían percatado de mi presencia, saqué el cuchillo y cargué contra el que se mantuvo de pie en frente de ellos. Le introduje el cuchillo en el costado por la espalda y con furia lo empujé hacia arriba hasta que volvió a salir a la altura del cuello. La sorpresa invadió al que tenia a Merche contra el suelo, le había dado un par de puñetazos en el estomago y ella se retorcía de dolor.
- Hijo de puta – chilló mientras se abalanzaba sobre mí.
Fui a preparar el cuchillo para defenderme pero se me resbalo de las manos por culpa de la cantidad de sangre que tenia encima.
- Mierda, mierda – solté mientras me placaba el infectado.
Comenzamos a golpearnos mutuamente, él tenía bastante más fuerza que yo y me estaba agotando cada vez más. Cuando ya lo veía todo perdido y comenzaba a notar que me quedaba poca energía note como el infectado cayó sobre mí de un plumazo. Cuando lo aparte vi el cuchillo clavado en su cabeza y a Merche detrás de él.
- ¿Estás bien? – me preguntó.
- Uf, sí – respondí – algo magullado pero bien, ¿y tú?.
- Me duele el estomago pero estoy bien. - me dijó mientras se ponia la mano en la tripa.
Nos levantamos y nos fuimos a por el carro.
- ¿Lo dejamos ya, no? – le pregunté a Merche.
- Por supuesto. – Me respondió.
- Vamos a la farmacia, de eso no podemos olvidarnos. – le dije. – ¿Te sientes con fuerzas?
- No, pero no pienso salir de casa en unos días. – Me respondió.
Bajamos todo al coche, lo cargamos y salimos del Mercadona. El garaje seguía despejado, afortunadamente, no sé cómo afrontaríamos otro ataque. Bajamos con el coche arrancado hasta la farmacia, estaba cerrada.
- ¿Destrozamos el cristal o vamos al ambulatorio? – dudamos los dos a la vez.
Decidimos tratar de entrar, me fui a la parte de atrás en busca de piedras o algo contundente. Avance por el pasillo y me encontré con el cuerpo sin vida de un soldado tirado entre unos arbustos, parecía que los dos infectados lo habían arrastrado hasta allí, no tenía otra explicación, el ejército no podría haberlo dejado allí. Me acerque a verle y me encontré con que tenía un G36 colgado del hombro, los infectados no lo habían cogido, parecía que la suerte nos daba un poco la cara, un fusil de asalto es algo que no se tiene todos los días. Me hice también con una navaja, tres cargadores y una radio. Cuando me disponía a volver oi un golpe tremendo y cristales rotos, corrí hasta la farmacia y vi que Merche había tirado contra el cristal un extintor.
- Menos mal que los cristales son una mierda – me dijo con una sonrisa en la boca.
- Mira lo que he encontrado – le respondí mientras le enseñaba el fusil. –
Creo que nos ha tocado un poco de suerte después de lo del Mercadona.
Ambos nos sonreímos y nos metimos en la farmacia, yo cogí todas las cajas de insulina que pude encontrar, dando igual la marca, me hice también con unas cuantas cajas de antibióticos y analgésicos. Merche apareció con una bolsa con sus medicinas y con bastante material para curar heridas.
- Yo creo que ya tenemos más que suficiente – me dijo.
- Sí, además tengo ganas de volver, quiero sentirme seguro y aquí no lo estoy en absoluto. – respondí mientras me dirigía hacia la puerta.
- ¡¡¡Malditos cabrones!!! – nos chillo una voz desde la calle. – Habéis matado a mis compañeros.
- Joder, había uno más – le dije a Merche.
- Pues ya puedes estrenar el cacharro ese – me respondió señalando al G36 que tenía colgado del hombro.
Me coloque detrás del mostrador y apunte hacia el agujero del cristal. En poco tiempo un cuerpo asomó y comenzó a chillar como loco, por acto reflejo apreté el gatillo y salieron tres balas del rifle, dos de ellas le impactaron en el pecho, lanzándolo hacia atrás, y otra rompió el cristal que quedaba, solo he disparado escopetas, un rifle de asalto es muy distinto.
- ¡¡¡Mierda, coño, como duele!!! – maldijo desde fuera.
Me lance rápidamente hacia el cristal, recordando los resultados de pruebas que habíamos leído hace poco, un infectado podría levantarse tan tranquilo después de recibir esos impactos. Cuando llegue al cristal el tío estaba tratando de levantarse pero volviendo a caerse, parecía que una bala le había atravesado y le había alcanzado en la columna. Me acerque a él.
- Maldito hijo de puta, te matare, te descuartizare – me gritaba poseído y con los ojos inyectados en sangre.
Le puse el fusil en la boca y disparé. La cabeza le saltó en miles de pedazos y cayó redondo en un charco de sangre. Por un momento me quedé alucinado de lo que acababa de hacer, pero después de tener que vivirlo varias veces la cosa estaba clara, o ellos o nosotros.
- Vámonos de aquí – me ordeno Merche mientras me agarraba del brazo.
Llegamos a casa y nos tiramos en el sofá con todas las cosas alrededor. Luego lo colocaríamos, estábamos totalmente agotados y doloridos. Me he despertado hace poco, Merche sigue durmiendo y yo he aprovechado para escribir esto. La verdad, es duro matar gente, pero está claro que cuando nos vemos en problemas no dudamos en hacerlo. Lo único que pienso “ellos no nos habrían dado ninguna oportunidad”.
En fin, a las 7.00 estábamos preparados para salir, volvimos a vestirnos de negro con la cara pintada, nos armamos con la pistola Merche y yo cogí un cuchillo de cocina. La calle estaba totalmente desierta y se notaba una tremenda tranquilidad en el ambiente.
Arrancamos el coche para poder llegar a la calle principal, fuimos con mucho cuidado y tratando de controlar los acelerones para no meter demasiado ruido. Cuando llegamos al final de la calle, en dirección contraria por cierto, vimos el primer lugar de combates, los pocos árboles que había estaban destrozados por los disparos y seguramente por el impacto de alguna granada. Se podían ver múltiples charcos de sangre reseca en el suelo, cantidad de casquillos y cargadores vacios, así como palos, palas, estacas y todo tipo de arma contundente casera que uno se pueda imaginar. De uno de los charcos más grandes arrancaban las huellas de un camión en dirección al Mercadona, por el cumulo de mierda, de girones e incluso trozos de carne que las hurracas y cuervos comían, tenía toda la pinta de que allí habían montado los cuerpos muertos para bajarlos al parque.
Cuando dejamos atrás ese primer punto, apagamos el coche y lo dejamos caer por la cuesta, ambos nos agachamos dentro para evitar ser vistos, yo conducía asomándome de vez en cuando para ver que seguíamos bajando recto y no había nada por delante. Al llegar al Mercadona empecé a frenar poco a poco, el coche estaba apagado así que las luces no se encendían, teníamos que hacer un giro de noventa grados y no quería que tuviéramos problemas por la velocidad aunque suponía tener que arrancar el coche para poder enfilar el garaje del supermercado, así que cuando llegamos a su altura paramos totalmente y nos quedamos un rato a la espera, escuchando, mirando y vigilando las calles. Tras veinte minutos arranque el coche y lo tome rápidamente la cuesta del garaje, esta tiene dos tramos, uno en subida y después la bajada al subterráneo así que en cuanto sorteamos la cuesta en contra volví a apagar el coche y dejarlo caer, entramos directamente al garaje y por la inercia conseguimos llegar hasta la puerta de entrada al super. Me baje del coche y Merche tomo el volante, unos pocos empujones y dejamos el coche metido en la entrada, enfilando la salida, con el maletero abierto para poder entrar de un salto.
El sótano del Mercadona consta de un almacén, el cual estaba cerrado a cal y canto, dos baños, los ascensores y las escaleras. Dejamos delante de la puerta del almacén todos los carros que encontramos para poner difícil salir de él en caso de que alguien se hubiera metido dentro, en total unos dieciséis carros menos uno que nos dejamos para cargar todo lo que pudiéramos. Sorprendentemente el ascensor funcionaba, así que decimos usarlo, yo subí por las escaleras con la pistola y Merche esperaría a que la avisara para subir. Cuando llegue arriba el supermercado estaba oscuro, las cajas y carros estaba destrozados y tirados por todos lados, había mucho material desperdigado por el suelo. Avise a Merche. Al poco apareció el ascensor y ella con el carro, bloqueamos el ascensor con un trozo de plástico de una caja evitando que se cerrase.
Nos metimos en el supermercado por la caja que hay enfrente de los ascensores, fuimos retirando poco a poco las cosas que nos bloqueaban y nos dirigimos al final de los pasillos. Allí es donde están las latas de caducidad alta. Según íbamos pasando estantes y pasillos, mirábamos por si hubiera algo que nos valiera y que no estuviese pisado o abierto, de aquí y allí cogíamos algunas cosas en fecha o que llevaran pocos días caducadas, unos bollos, algo de pan, galletas, mermelada, pastas, sopas, conseguimos algo de jamón y queso, pates. Cogíamos cantidades normales, nada de llenar el carro a lo loco, si teníamos que correr lo íbamos a intentar con el carro. Por fin llegamos al final del pasillo, es curioso que la gente no cuenta con las latas de caducidad alta en estos casos, siempre tiran por lo fresco o que conocen, es cierto que las latas no tienen un sabor tremendo pero ayudan y mucho. Pudimos hacernos con dos cajas completas de albóndigas, unas veinte latas, una caja de lentejas con diez latas, cuatro latas de raviolis, siete de cocido y algunas de judías. Recordamos que el chocolate estaba al lado de las latas, no pudimos evitar coger unas cuantas tabletas. Pasamos hacia el pasillo de la leche para coger un par de bolsas de leche en polvo, aprovechamos y también nos hicimos con cuatro garrafas de agua.
- ¿Que mas tenemos o debemos coger? – pregunté.
- No sé, está muy tranquilo, si quieres nos separamos y miramos rápidamente que nos puede faltar de los pasillos de al lado. – respondió Merche.
- Muy bien, pero con cuidado, llévate la pistola y grita si necesitas algo. – le dije mientras dejábamos el carro “aparcado”.
Merche se fue hacia el pasillo de droguería, imagino que para coger vendas, tiritas, alcohol y cosas de higiene que pudiéramos necesitar. Yo me dirigí al pasillo de la comida para animales, las perritas se merecían algo rico para ellas.
- ¡¡¡Wuoooo, jajajaja, una presa!!! – oí de repente en la entrada. – es mía, es mía.
- ¡¡¡No, no, es para mí, a esta la mato yo!!! – respondió otra voz. Los chillidos se introdujeron en el supermercado y lamentablemente en dirección a Merche.
- ¡¡¡Borja!!! – grito Merche antes de que la placaran.
Se oyó como ella y uno de sus perseguidores se golpearon contra una de las estanterías. Corrieron tan rápido que no le dio tiempo de reaccionar y dispararles.
- ¡¡¡Ayuda!!! – gritaba Merche desesperada.
- Jaja, nos vamos a divertir – decía animado uno de los infectados.
Me dirijí corriendo silenciosamente hacia ellos, estaban tan enajenados y centrados en Merche que no se habían percatado de mi presencia, saqué el cuchillo y cargué contra el que se mantuvo de pie en frente de ellos. Le introduje el cuchillo en el costado por la espalda y con furia lo empujé hacia arriba hasta que volvió a salir a la altura del cuello. La sorpresa invadió al que tenia a Merche contra el suelo, le había dado un par de puñetazos en el estomago y ella se retorcía de dolor.
- Hijo de puta – chilló mientras se abalanzaba sobre mí.
Fui a preparar el cuchillo para defenderme pero se me resbalo de las manos por culpa de la cantidad de sangre que tenia encima.
- Mierda, mierda – solté mientras me placaba el infectado.
Comenzamos a golpearnos mutuamente, él tenía bastante más fuerza que yo y me estaba agotando cada vez más. Cuando ya lo veía todo perdido y comenzaba a notar que me quedaba poca energía note como el infectado cayó sobre mí de un plumazo. Cuando lo aparte vi el cuchillo clavado en su cabeza y a Merche detrás de él.
- ¿Estás bien? – me preguntó.
- Uf, sí – respondí – algo magullado pero bien, ¿y tú?.
- Me duele el estomago pero estoy bien. - me dijó mientras se ponia la mano en la tripa.
Nos levantamos y nos fuimos a por el carro.
- ¿Lo dejamos ya, no? – le pregunté a Merche.
- Por supuesto. – Me respondió.
- Vamos a la farmacia, de eso no podemos olvidarnos. – le dije. – ¿Te sientes con fuerzas?
- No, pero no pienso salir de casa en unos días. – Me respondió.
Bajamos todo al coche, lo cargamos y salimos del Mercadona. El garaje seguía despejado, afortunadamente, no sé cómo afrontaríamos otro ataque. Bajamos con el coche arrancado hasta la farmacia, estaba cerrada.
- ¿Destrozamos el cristal o vamos al ambulatorio? – dudamos los dos a la vez.
Decidimos tratar de entrar, me fui a la parte de atrás en busca de piedras o algo contundente. Avance por el pasillo y me encontré con el cuerpo sin vida de un soldado tirado entre unos arbustos, parecía que los dos infectados lo habían arrastrado hasta allí, no tenía otra explicación, el ejército no podría haberlo dejado allí. Me acerque a verle y me encontré con que tenía un G36 colgado del hombro, los infectados no lo habían cogido, parecía que la suerte nos daba un poco la cara, un fusil de asalto es algo que no se tiene todos los días. Me hice también con una navaja, tres cargadores y una radio. Cuando me disponía a volver oi un golpe tremendo y cristales rotos, corrí hasta la farmacia y vi que Merche había tirado contra el cristal un extintor.
- Menos mal que los cristales son una mierda – me dijo con una sonrisa en la boca.
- Mira lo que he encontrado – le respondí mientras le enseñaba el fusil. –
Creo que nos ha tocado un poco de suerte después de lo del Mercadona.
Ambos nos sonreímos y nos metimos en la farmacia, yo cogí todas las cajas de insulina que pude encontrar, dando igual la marca, me hice también con unas cuantas cajas de antibióticos y analgésicos. Merche apareció con una bolsa con sus medicinas y con bastante material para curar heridas.
- Yo creo que ya tenemos más que suficiente – me dijo.
- Sí, además tengo ganas de volver, quiero sentirme seguro y aquí no lo estoy en absoluto. – respondí mientras me dirigía hacia la puerta.
- ¡¡¡Malditos cabrones!!! – nos chillo una voz desde la calle. – Habéis matado a mis compañeros.
- Joder, había uno más – le dije a Merche.
- Pues ya puedes estrenar el cacharro ese – me respondió señalando al G36 que tenía colgado del hombro.
Me coloque detrás del mostrador y apunte hacia el agujero del cristal. En poco tiempo un cuerpo asomó y comenzó a chillar como loco, por acto reflejo apreté el gatillo y salieron tres balas del rifle, dos de ellas le impactaron en el pecho, lanzándolo hacia atrás, y otra rompió el cristal que quedaba, solo he disparado escopetas, un rifle de asalto es muy distinto.
- ¡¡¡Mierda, coño, como duele!!! – maldijo desde fuera.
Me lance rápidamente hacia el cristal, recordando los resultados de pruebas que habíamos leído hace poco, un infectado podría levantarse tan tranquilo después de recibir esos impactos. Cuando llegue al cristal el tío estaba tratando de levantarse pero volviendo a caerse, parecía que una bala le había atravesado y le había alcanzado en la columna. Me acerque a él.
- Maldito hijo de puta, te matare, te descuartizare – me gritaba poseído y con los ojos inyectados en sangre.
Le puse el fusil en la boca y disparé. La cabeza le saltó en miles de pedazos y cayó redondo en un charco de sangre. Por un momento me quedé alucinado de lo que acababa de hacer, pero después de tener que vivirlo varias veces la cosa estaba clara, o ellos o nosotros.
- Vámonos de aquí – me ordeno Merche mientras me agarraba del brazo.
Llegamos a casa y nos tiramos en el sofá con todas las cosas alrededor. Luego lo colocaríamos, estábamos totalmente agotados y doloridos. Me he despertado hace poco, Merche sigue durmiendo y yo he aprovechado para escribir esto. La verdad, es duro matar gente, pero está claro que cuando nos vemos en problemas no dudamos en hacerlo. Lo único que pienso “ellos no nos habrían dado ninguna oportunidad”.
ENTRADA 27
Por fin tenemos electricidad de forma continua. Desde ayer por la tarde hasta hace unas pocas horas los cortes han sido continuos, yo creo que hemos tenido como mucho treinta minutos de electricidad seguidos. Me ponía a escribir y perdía todo por un corte, así que lo he dejado hasta que se estabilizase un poco el tema.
Bueno, la noche ha sido curiosa, hemos oído varios camiones llegar a la urbanización y muchísimo ajetreo en la zona del Mercadona, muchas voces y había en el cielo un resplandor tremendo como si hubieran encendido los focos de un campo de futbol. De vez en cuando se oían gritos, seguidos de unos cuantos disparos muy controlados y después voces que parecían dar órdenes.
El ejército ha llegado, pero no sé si estar aliviado o no Parece que están haciendo limpieza de la zona. A eso de las 7.00 de la mañana ha pasado un humvee con cuatro soldados, uno de ellos iba hablando por un megáfono.
- Atención, todas aquellas personas que no estén infectadas deben presentarse antes de las 17.00 horas de hoy en el parque de la rotonda principal de la urbanización – Repetía constantemente – todos las personas deben ser trasladadas a los puntos seguros, puestas en cuarentena y chequeadas medicamente para poder estar seguras y a salvo de la epidemia.
Merche y yo no hemos dado señales de vida. No parecía que fueran a ir casa a casa pero si que se veía como diversas patrullas tomaban posiciones en las esquinas para proteger a la gente que ya comenzaba a salir. La verdad es que me sorprendió que hubiera tanta gente “sana”.
- Si vamos a un punto seguro, me fio mas de los de los laboratorios que de estos que tiene toda la pinta de estar masificados – le comente a Merche.
- Yo también lo prefiero – me respondió – en esta situación, cuanta más gente más posibilidades de problemas.
Así que nos quedamos mirando y escuchando la evacuación.
- Atención, tangos aproximándose por el noroeste, siete objetivos, prepárense para contención – se oyó por una de las radios de los que teníamos enfrente.
Al poco tiempo se empezaron a escuchar disparos, algunos gritos muy fuertes y diversos golpes.
- Tangos controlados, solicitamos vehículo de evacuación sanitaria, cuatro bajas y tres heridos con prioridad alta.
Joder, siete infectados han matado a cuatro soldados armados y han herido a otros tres.
El día fue transcurriendo y se dieron cinco enfrentamientos más, solo pude enterarme de que los soldados habían sufrido dieciocho bajas más pero parecía todo controlado.
Por delante de nuestra calle conté unas ocho personas civiles yendo con los soldados, a una pareja la detuvieron y la metieron en un humvee que salió a toda velocidad por la calle mientras los pobres estaban totalmente acojonados.
- Atención centro biológico, dos sujetos supuestamente infectados están siendo llevados hacia allí – informo un soldado – nivel de contención alpha.
Me temo que nada bueno les espera a esos pobres. A las 16.30 se dio un aviso por una megafonía diciendo que era la última oportunidad de poder acceder a un punto seguro y estar a salvo. Nosotros seguimos en casa sin hacer ruido. A las 18.00 los soldados se largaron y pasaron rápidamente por enfrente de nosotros, un total de diez camiones, cinco humvees y un helicóptero pasaron a toda velocidad.
- Lo bueno de todo esto es que seguramente la zona estará bastante limpia. – Le comente a Merche – quizá deberíamos adelantar lo del Mercadona antes de que los infectados vuelvan a la zona.
- La verdad es que sí – respondió Merche – creo que mañana por la mañana deberíamos hacerlo.
- Decidido, mañana a las 8.00 iremos al Mercadona y a la farmacia y cogeremos lo que quede.
A las 20.00 estaba todo totalmente tranquilo, no había ni un solo ruido en la calle. Merche se dedico a descansar un poco y tratar de ver algo en la tele y yo me puse a leer los documentos que había en la página que me dio Juan.
En uno de ellos habían infectado a tres personas y un grupo de soldados debía contenerlos y eliminarlos. Tardaron cincuenta y seis horas en hacerlo. Eran doce soldados contra tres civiles infectados y tardaron una barbaridad en acabar con ellos, no solo eso, al final solo quedaron cuatro soldados con vida. Leer el informe es espeluznante.
“ 0.05 desde inicio de la misión, hemos sido desplegados en la zona Zulu sin ningún problema; 6.45 desde inicio de la misión, tenemos contacto con los tangos, han tratado de atacar a la primera unidad sin éxito; 12.00 desde inicio de la misión, no tenemos comunicación con la primera unidad, tenemos dos tangos hostigándonos constantemente, dos bajas y cuatro heridos; 21.15 desde inicio de la misión, nos han atacado frontalmente, hemos abierto fuego contra ellos, dos tangos muertos tras recibir múltiples disparos; 37.00 desde inicio de la misión, el último tango ha sido encontrado muerto con múltiples heridas de bala rodeado de cinco miembros de la primera unidad muertos; 56.00 desde inicio de la misión, hemos encontrado a un solo superviviente de la primera unidad, solicitamos extracción de la zona Zulu.”
Un informe muy conciso pero muy perturbador, sobre todo por los resultados que destacan después.
“El virus potencia la resistencia al dolor e inhibe de la acción de las balas en el cuerpo humano que no entra en shock de muerte hasta que se siente colapsado por múltiples heridas las cuales deben ser mortales. Por lo tanto se recomienda tomar por objetivos zonas criticas del cuerpo como cabeza, muslos, estomago o tratar de destruir las extremidades para diezmar la potencia de combate de los infectados.”
Tremendo y así unos cuantos informes en los que se llega a vaciar un cargador de dieciséis balas sobre un infectado y aun así tarda alrededor de veinte minutos en morir siendo potencialmente peligroso en un sesenta por ciento.
También hay algunos informes sobre las reacciones en el cuerpo humano, según parece en algunos casos el desarrollo muscular es tal que se convierten en masas deformes y torpes pero tremendamente fuertes. Otro de los casos son el desarrollo atrofiado de la piel, que se transforma en una masa porosa y cavernosa, bastante dura pero que al final se acaba cayendo a trozos hasta que provoca la muerte del sujeto, eso sí, es un sujeto extremadamente peligroso. Hay múltiples deformaciones, mutaciones y reacciones a los virus, algunas parecen bastante peligrosas, otras simplemente aceleran la muerte del sujeto de manera horrible con múltiples hemorragias y sufrimiento increíble, algunos llegando a estallar literalmente. Lo increíble es que no diferencian entre humanos y animales, todos son sujetos.
Sobre los puntos seguros no tengo muy clara la información, se que tenemos uno muy cerca y que puede dar cobijo a unas doscientas personas pero también tienen una serie de normas y de condiciones de acceso que tenemos que estudiar y tratar de comprender mejor, habrá que leérselo varias veces.
Madre mía, que ya son las 0.15 y en breve nos espera el Mercadona, me voy a dormir y continúo mañana con los documentos, quiero estar descansado.
Bueno, la noche ha sido curiosa, hemos oído varios camiones llegar a la urbanización y muchísimo ajetreo en la zona del Mercadona, muchas voces y había en el cielo un resplandor tremendo como si hubieran encendido los focos de un campo de futbol. De vez en cuando se oían gritos, seguidos de unos cuantos disparos muy controlados y después voces que parecían dar órdenes.
El ejército ha llegado, pero no sé si estar aliviado o no Parece que están haciendo limpieza de la zona. A eso de las 7.00 de la mañana ha pasado un humvee con cuatro soldados, uno de ellos iba hablando por un megáfono.
- Atención, todas aquellas personas que no estén infectadas deben presentarse antes de las 17.00 horas de hoy en el parque de la rotonda principal de la urbanización – Repetía constantemente – todos las personas deben ser trasladadas a los puntos seguros, puestas en cuarentena y chequeadas medicamente para poder estar seguras y a salvo de la epidemia.
Merche y yo no hemos dado señales de vida. No parecía que fueran a ir casa a casa pero si que se veía como diversas patrullas tomaban posiciones en las esquinas para proteger a la gente que ya comenzaba a salir. La verdad es que me sorprendió que hubiera tanta gente “sana”.
- Si vamos a un punto seguro, me fio mas de los de los laboratorios que de estos que tiene toda la pinta de estar masificados – le comente a Merche.
- Yo también lo prefiero – me respondió – en esta situación, cuanta más gente más posibilidades de problemas.
Así que nos quedamos mirando y escuchando la evacuación.
- Atención, tangos aproximándose por el noroeste, siete objetivos, prepárense para contención – se oyó por una de las radios de los que teníamos enfrente.
Al poco tiempo se empezaron a escuchar disparos, algunos gritos muy fuertes y diversos golpes.
- Tangos controlados, solicitamos vehículo de evacuación sanitaria, cuatro bajas y tres heridos con prioridad alta.
Joder, siete infectados han matado a cuatro soldados armados y han herido a otros tres.
El día fue transcurriendo y se dieron cinco enfrentamientos más, solo pude enterarme de que los soldados habían sufrido dieciocho bajas más pero parecía todo controlado.
Por delante de nuestra calle conté unas ocho personas civiles yendo con los soldados, a una pareja la detuvieron y la metieron en un humvee que salió a toda velocidad por la calle mientras los pobres estaban totalmente acojonados.
- Atención centro biológico, dos sujetos supuestamente infectados están siendo llevados hacia allí – informo un soldado – nivel de contención alpha.
Me temo que nada bueno les espera a esos pobres. A las 16.30 se dio un aviso por una megafonía diciendo que era la última oportunidad de poder acceder a un punto seguro y estar a salvo. Nosotros seguimos en casa sin hacer ruido. A las 18.00 los soldados se largaron y pasaron rápidamente por enfrente de nosotros, un total de diez camiones, cinco humvees y un helicóptero pasaron a toda velocidad.
- Lo bueno de todo esto es que seguramente la zona estará bastante limpia. – Le comente a Merche – quizá deberíamos adelantar lo del Mercadona antes de que los infectados vuelvan a la zona.
- La verdad es que sí – respondió Merche – creo que mañana por la mañana deberíamos hacerlo.
- Decidido, mañana a las 8.00 iremos al Mercadona y a la farmacia y cogeremos lo que quede.
A las 20.00 estaba todo totalmente tranquilo, no había ni un solo ruido en la calle. Merche se dedico a descansar un poco y tratar de ver algo en la tele y yo me puse a leer los documentos que había en la página que me dio Juan.
En uno de ellos habían infectado a tres personas y un grupo de soldados debía contenerlos y eliminarlos. Tardaron cincuenta y seis horas en hacerlo. Eran doce soldados contra tres civiles infectados y tardaron una barbaridad en acabar con ellos, no solo eso, al final solo quedaron cuatro soldados con vida. Leer el informe es espeluznante.
“ 0.05 desde inicio de la misión, hemos sido desplegados en la zona Zulu sin ningún problema; 6.45 desde inicio de la misión, tenemos contacto con los tangos, han tratado de atacar a la primera unidad sin éxito; 12.00 desde inicio de la misión, no tenemos comunicación con la primera unidad, tenemos dos tangos hostigándonos constantemente, dos bajas y cuatro heridos; 21.15 desde inicio de la misión, nos han atacado frontalmente, hemos abierto fuego contra ellos, dos tangos muertos tras recibir múltiples disparos; 37.00 desde inicio de la misión, el último tango ha sido encontrado muerto con múltiples heridas de bala rodeado de cinco miembros de la primera unidad muertos; 56.00 desde inicio de la misión, hemos encontrado a un solo superviviente de la primera unidad, solicitamos extracción de la zona Zulu.”
Un informe muy conciso pero muy perturbador, sobre todo por los resultados que destacan después.
“El virus potencia la resistencia al dolor e inhibe de la acción de las balas en el cuerpo humano que no entra en shock de muerte hasta que se siente colapsado por múltiples heridas las cuales deben ser mortales. Por lo tanto se recomienda tomar por objetivos zonas criticas del cuerpo como cabeza, muslos, estomago o tratar de destruir las extremidades para diezmar la potencia de combate de los infectados.”
Tremendo y así unos cuantos informes en los que se llega a vaciar un cargador de dieciséis balas sobre un infectado y aun así tarda alrededor de veinte minutos en morir siendo potencialmente peligroso en un sesenta por ciento.
También hay algunos informes sobre las reacciones en el cuerpo humano, según parece en algunos casos el desarrollo muscular es tal que se convierten en masas deformes y torpes pero tremendamente fuertes. Otro de los casos son el desarrollo atrofiado de la piel, que se transforma en una masa porosa y cavernosa, bastante dura pero que al final se acaba cayendo a trozos hasta que provoca la muerte del sujeto, eso sí, es un sujeto extremadamente peligroso. Hay múltiples deformaciones, mutaciones y reacciones a los virus, algunas parecen bastante peligrosas, otras simplemente aceleran la muerte del sujeto de manera horrible con múltiples hemorragias y sufrimiento increíble, algunos llegando a estallar literalmente. Lo increíble es que no diferencian entre humanos y animales, todos son sujetos.
Sobre los puntos seguros no tengo muy clara la información, se que tenemos uno muy cerca y que puede dar cobijo a unas doscientas personas pero también tienen una serie de normas y de condiciones de acceso que tenemos que estudiar y tratar de comprender mejor, habrá que leérselo varias veces.
Madre mía, que ya son las 0.15 y en breve nos espera el Mercadona, me voy a dormir y continúo mañana con los documentos, quiero estar descansado.
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